EDITORIAL

Este número cuatro (4) de Tabula Rasa es una muestra del proceso de construcción de comunidad académica en que se ha involucrado con innegable compromiso la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, quién con el apoyo y dirección del señor Rector Miguel García Bustamante, abre un espacio (y lo sostiene) para la crítica y el debate, componentes fundamentales de la producción del conocimiento. Estamos atravesando un proceso de internacionalización y fortalecimiento de la publicación, con el fin de conectar a la Universidad no sólo con el ámbito nacional sino extranjero, poniendo al servicios de todos los académicos y académicas del mundo de las humanidades un espacio para quien desee exponer sus trabajos de investigación. Este esfuerzo hace parte de una concepción y un posicionamiento político en la medida que hemos considerado que el conocimiento debe estar al alcance de la mayor parte de las personas. Debido a esto mantenemos nuestra política de libre reproducción, al mismo tiempo que fortalecemos la revista con los procesos de indexación que estamos llevando a cabo.

Este proceso implica varias cosas, por un lado, como ya lo he mencionado, es una contribución de la universidad a la construcción de comunidad académica, pero por otro es un importante lugar para que esta comunidad se exprese y tenga un lugar de comunicación (y debate) con el fin de que el mundo de la investigación (incluidos los autores angloeuropeos) tenga un espacio (al igual que otras revistas latinoamericanas) diferente al de los círculos hegemónicos los cuales llevan a que se tome en cuenta, casi que exclusivamente, el conocimiento que se produce en el llamado «primer mundo», nominación que denota más que una realidad, la discursividad que se crea a partir de la hegemonía y la dominación. Aquí intentamos crear un espacio en dónde pensadores de ese mundo muestren sus trabajos, pero que al mismo tiempo, los nuestros, los de «acá», también sean leídos, y no pienso ilusoriamente que lo hagan en el mundo angloeuropeo, menos en el norteamericano con su limitado provincianismo académico que lleva a que allí sólo se lea lo que se produce dentro de sus fronteras. El intento es sobre un espacio serio y riguroso para nuestos países, sin perder comunicación con lo que allí se produce.

No podemos negar que estamos en un mundo cada vez más globalizado, en el que se vive una hegemonía anglosajona en todos los campos, y cuando hablo de globalización lo hago reconociendo que es un término polifónico con significados concretos y a la vez diversos. Esto nos enfrenta al problema de que la globalización se concretiza en experiencias diferentes tanto para los individuos como para los colectivos alrededor del mundo que la apropian de formas diversas. Sin embargo hay elementos que es necesario resaltar primero que todo que es un proceso, lo que implica una temporalidad y una espacialidad determinada.

Lo otro, es que la globalización implica manifestaciones de diversas áreas como lo son la cultura, la economía y la ideología, que están plenamente interrelacionadas, pero paradójicamente son independientes entre sí. Esto por supuesto es una lectura a discutir, pues algunas personas estaríamos de acuerdo en que estos diversos ámbitos están interrelacionados, pero no tanto en que sean independientes. Por supuesto esto no implica que olvidemos que los elementos de la cultura o la economía que se generan a nivel global, son acogidos y reconfigurados a nivel local de una forma diversa en las diferentes regiones, con lo cual no podemos decir que sean independientes.

Estaría de acuerdo con Renato Ortíz en que existe una mundialización de la cultura en la medida que se observa que las sociedades no viven una «aculturación» que nos lleve en algún futuro a una homogenización o en otros términos a una norteamericanización de todas las culturas. Sin embargo creo que sí observamos un sólo tipo de economía mundial en que domina no sólo el capitalismo a secas, sino que prima una economía de mercado de la que ninguna región, Estado o comunidad puede sustraerse y dentro de este tipo de economía, está el desarrollo científico en todas sus variedades. De esta forma, la producción «propia», (sin perder la relación con el «norte») se hace cada vez más importante, en lo que revistas como Tabula Rasa, tienen un papel importante que jugar, más aún cuando nos enfrentamos a nuevas y diversas formas de «integración».

Sobre estas podemos encontrar por lo menos dos tipos de acuerdos de integración que se llevan a cabo simultáneamente en las Américas. Este tipo de acuerdos son los denominados de «libre comercio» (tipo A) y aquellos que no se limitan a la esfera de los mercados y que incluyen las esferas de políticas sociales y culturales. Es de señalar que ambos tipos de acuerdo están enmarcados en las políticas de liberalización económica. Sin embargo cada uno de ellos tiene unas características claras que podemos definir de la siguiente forma: Por una parte, los acuerdos de tipo A, hacen referencia a áreas preferenciales de mercado (áreas de libre comercio) que se suscriben a nivel bilateral, subregional y hemisférico. El más representativo de este tipo de acuerdos, es el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas) que incluye a los 34 países de la región (exceptuando a Cuba). Los acuerdos tipo B, tienen una clara presencia de la dimensión social que implica el desarrollo de organismos con contenido social que hacen referencia a la cooperación en temas de educación y cultura, así como órganos de consulta económica y social, y de garantías de derechos individuales y colectivos.

El crecimiento económico que puede implicar este tipo de tratados, no va de la mano (necesariamente) del bienestar social. Por otra parte, este tipo de acuerdos y especialmente los desarrollados de forma «simétrica» con países que son muy superiores económica y tecnológicamente implican un sometimiento a los intereses de estos países de tal forma que las condiciones no se compadecen de las poblaciones de los países con menor capacidad de negociación. Un ejemplo de esto se ve en que estos acuerdos van ligados a orientaciones «sociales» como lo es el caso de la educación. En este caso se determina (a través de una «negociación») que implica no sólo orientaciones sino limitaciones a áreas «estratégicas» definidas desde centros de poder en que se conjugan elementos primordiales como lo son las normas de propiedad intelectual, que implica los conocimientos que se pueden desarrollar, los que se pueden asimilar y que van más allá de la producción científica y tecnológica producto de la investigación que abarca hasta el uso y preservación de los recursos de la biodiversidad.

Es en este sentido que la producción de un conocmiento propio y la publicación del mismo es tan importante, pues sino, de otra forma, estaremos condenados a repetir (y a veces de forma caricaturesca) lo que se nos da como innovador y necesario. Repitiendo, señalo que no debemos perder comunicación con la producción angloeuropea (lo que es visible en Tabula Rasa), sobre todo con la parte más crítica del mundo académico de los centros de poder. Las revistas se han convertido en «dispositivos de poder» (tal vez siempre lo han sido) y en este medida debemos estar presentes en esta disputa geopolítica que se da en la producción del conocimiento. Es decir, Tabula Rasa, no es sólo un órgano de difusión de investigaciones, es un órgano de poder, un lugar en que nuestro conocimiento toma lugar y se abre espacio. Los artículos presentes en este volumen son el resultado de este intento de poner a disposición de la comunidad académica los resultados de investigaciones concretas, así como de reflexiones teóricas críticas que nos ayudan a comprender de una mejor forma, crítica y valorativa el mundo en que vivimos. Luego de esta pequeña reflexión, quiero pasar a continuación a la presentación breve de los artículos que componen este volumen, el primero de Tabula Rasa que es semestral, lo cual mantendremos a partir de ahora.

En la primera sección, Desde el ático, tenemos al profesor Ramón Grosfoguel con el trabajo titulado «La descolonización de la economía política y los estudios postcoloniales: transmodernidad, pensamiento fronterizo y colonialidad global» en que el autor elabora una argumentación acerca de cómo la postura subalterna puede contribuir ampliamente al debate epistémico sobre la diferencia colonial, desde un enfoque crítico que descentre los presupuestos de una geopolítica del conocimiento delimitada por el canon del pensamiento eurocéntrico y la modernidad occidental. En pocas palabras, se trata de realizar una propuesta que «descolonice» el pensamiento crítico de los últimos 50 años, basada en los cuatro pilares más reconocidos dentro del postmodernismo y el postestructuraismo: Derrida, Foucault, Gramsci y Guha. El autor propone un lenguaje común que apunte a una descolonización anticapitalista del pensamiento subalterno de manera radical y desde una «diversalidad universal y anticapitalista».

A continuación tenemos el artículo del profesor John Agnew titulado «geografías del conocimiento en la política mundial» en que se hace énfasis en algunas formas de pensar en dónde y cómo se produce el conocimiento y como este circula y el aporte de entender las geografías del conocimiento en políticas mudiales. El tercer artículo es del profesor Peter Wade que revisa la evidencia de la exclusión económica, política y social de los grupos indígenas y afroamericanos. En este artículo, titulado «etnicidad, multiculturalismo y políticas sociales en latinoamérica» se evalúa el impacto de las reformas llevadas a cabo frente a la exclusión social, luego de haber inspeccionado las reformas legales y las políticas multiculturalistas que se han llevado a cabo en América Latina.

«Desafío total: psicología, psicoanálisis y virtualidad» es el título del trabajo de Ian Parker, quién a partir de un análisis de la ciencia ficción busca entender los nuevos sujetos post-industriales, como una forma para entender el presente a partir de una mirada desde la psicología sobre la «realidad». Por su parte, Reinaldo Giraldo, analiza los conceptos de poder y resitencia en las obras del periodo genealógico de Michel Foucault, en su artículo «Poder y resistencia en Michel Foucault». Por su parte, Pablo Iglesias, analiza la revuelta madrileña contra el gobierno español el 13 de marzo de 2004, el cual como se ve, no es sólo un acontecimiento local, sino que está inserto en un proceso de confrontación política global, cuyo contexto es la globalización política y económica del capitalismo; su trabajo se titula «El hilo rojo. La revuelta contra el Gobierno Aznar tras los atentados del 11 de marzo de 2004». La profesora Judith Carney, en su artículo «Una valoración de la geografía y la diáspora africana», hace una valoración de las contibuciones de la geografía al estudio de la diáspora africana, tratando de mostrar los alcances y limitaciones que se han presentado al interior de la disciplina, las cuales de todas formas han sido pocas frente a este tema de estudio.

La segunda sección de Tabula Rasa, Claroscuros, nos muestra trabajos, producto de investigación (como los de la primera sección, con la diferencia que en Desde el ático se hace énfasis en la producción teórica, mientras que en esta segunda parte se hace énfasis en resultados concretos de las investigaciones realizadas). Comenzamos con el trabajo de Arturo Claudio Laguado, quién propone una perspectiva particular para la interpretación de la construcción de los partidos conservadores en América Latina. En su artículo «¿Es posible una teoría general de los partidos conservadores?», el autor analiza los casos de Colombia y Argentina. La profesora María Himelda Ramírez, centra su trabajo en «Los discursos sobre el abandono a la infancia en la sociedad barroca de Santa Fe de Bogotá, siglo XVI», en que se redefinen los sentimientos hacia la niñez y se revalora el amor materno. Por su parte, Nara Fuentes, apoyándose en James Scott y Robert Stam, realiza una propuesta de lectura del clásico de la literatura colombiana María de Jorge Isaacs. Su artículo, titulado «“Nos damos por convidados”, la voz de los esclavos en la hacienda “El Paraíso”», señala el ocultamiento de las voces de los esclavos negros y las razones de este, en la novela de Isaacs, así como muestra la construcción de un imaginario sobre los esclavos a partir del mundo de los amos, siendo así que dos visiones diferentes se ven integradas en una sola: la visiòn dominante.

«Pintura colonial y la educación de la mirada. conformación de identidades y de la otredad» es el título del trabajo de Vivián Carrión, quién analiza una de las formas en que se ha construido una política de la «otredad», durante el siglo XVII, basándose para esto en los discursos implícitos en las imágenes religiosas en que se observa una política de la exclusión y de construcción del «otro» como diferente. El artículo de Laura Varela y Yuri Romero «Los avatares de la paz. por los senderos de la vida de Juan de la Cruz Varela», hace énfasis en la experiencia de vida de este reconocido personaje del movimiento campesino colombiano, y la conformación de su pensamiento y los objetivos de su lucha.

Sobre las posibilidades y dificultades que afrontan los habitantes de una ciudad, al conformar su hábitat a partir de la vivienda informal y autogestionaria, se establecen unas relaciones con el entorno físico ¿cómo este este proceso? ¿cuáles son sus posibilidades y limitaciones? El siguiente trabajo presenta la relación entre lo sostenible de la vivienda informal y el contexto de no sostenibilidad en el que se desarrolla tal vivienda. Este es el tema que anima el escrito de Nieves Hernández titulado «la sostenibilidad en el desarrollo de la vivienda informal. análisis a partir del estudio del hábitat del barrio Puerta al llano». El escrito de Leonardo Montenegro, es una guía o introducción para no especialistas y para estudiantes sobre algunas tendencias de la historia. En el artículo «Sobre algunas de las posibilidades de la historia» se discuten algunos aportes y falencias de distintos enfoques de la historia como disciplina. Para finalizar, tenemos el trabajo de la profesora Martha Arana «Los valores en la formación profesional», el cual es producto de la investigación sobre la formación integral, el cual se debe fundamentar (como propone la autora) en el conocimiento socio-humanista en estrecha vinculación con el conocimiento científico-tecnológico. La revista finaliza su edición con la habitual sección de Reseñas, en la cual tenemos miradas críticas, sobre diversos textos, de los profesores Jefferson Jaramillo, Mauricio Pardo, María Piedad Quevedo, Esteban Rozo y Juan Pablo Vera.

Por último, sólo me resta dar algunos agradecimientos que considero esenciales pues sin estas personas esta revista no sería posible. Primero que todo al apoyo académico de Eduardo Restrepo, Ulrich Oslender, Andrea Jost y María Angélica Ospina, así como de todos los pares evaluadores. Por otro, el apoyo administrativo de los Drs. Euclides Gutiérrez y Miguel García Bustamante, así como de la profesora Bertha Marlén Velásquez y la Dra. Lucía León y demás personas de Servicios Administrativos, pero principalmente a Clarita Coy, incansable en su cotidiana y ardua labor. Para finalizar, mis agradecimientos (y admiración) a la diseñadora Johanna Orduz, quien con su gran trabajo, logra que Tabula Rasa sea no sólo una revista académica, sino una hermosa y agradable publicación.

LEONARDO MONTENEGRO MARTÍNEZ
Editor