«Que lo afro sea parte de la nación argentina»: resignificaciones estatales de las memorias negras1

"May the afro be a part of the Argentinean nation": state resignifications of black memories

«Que o afro seja parte da nação argentina»: resignificações estatais das memórias negras

Paola C. Monkevicius2
CONICET-FCNyM, Argentina
paomon@speedy.com.ar

1Este artículo se enmarca dentro del plan de investigación posdoctoral titulada en tanto «Sentidos africanos del pasado: la memoria social y la marcación cultural del diverso. Un enfoque antropológico sobre los procesos de recordación e identificación entre inmigrantes africanos y afrodescendientes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires» (CONICET) Asimismo se integra a diversos proyectos de investigación realizados en equipo y dirigidos por la Dra. Maffia, los cuales se encuentran financiados por el Ministerio de Educación, el CONICET y la Agencia Nacional de Promción Científica y Técnica.
2Licenciada en Ciencias Antropológicas por la Universidad de Buenos Aires y Dra. En Antropología por la Universidad de La Plata.

Recibido: 13 de septiembre de 2013 Aceptado: 05 de noviembre de 2013


Resumen

El cuestionamiento sobre la narrativa nacional por parte de sectores subalternos ha revelado su carácter heterogéneo, conflictivo e histórico debilitando la asumida legitimidad del relato hegemónico. Esto ha provocado la re-memorización de narrativas silenciadas y, por lo tanto, el surgimiento de «nuevas» memorias en disputa. El presente artículo se focaliza entonces sobre los recientes procesos de visibilización y recordación del pasado de los negros en argentina tradicionalmente relegado del relato sobre la conformación poblacional. En particular, indagamos sobre las actuales re-construcciones estatales de nuevas memorias «afro» a partir de la puesta en duda de las significaciones hegemónicas. Para ello analizamos, principalmente a través de la observación participante, los discursos de funcionarios estatales que interactúan periódicamente con las asociaciones y organizaciones «afro» en argentina.

Palabras clave: Memorias; visibilización; estado argentino; afrodescendientes; africanos.


Abstract

The questioning on national narrative by subaltern sectors has revealed its heterogeneous, conflictive and historical character, weakening the assumed legitimacy of the hegemonic narrative. This has made silenced narratives to be re-memorized and, therefore, "new" memories under dispute to emerge. This paper is therefore focused on the recent processes of visibilization and remembrance of past by black people in argentine, who have traditionally been relegated from the narrative of populational formation. Particularly, we inquire about the current state re-constructions of new "afro" memories beginning with calling into question hegemonic significations. In order to do that, we analyze —mainly through participating observation— the discourses of state officials, who interact with "afro" associations and organizations from time to time in argentina.

Key words: Memories, visibilization, argentinean state, afro-descendants, africans.


Resumo

O questionamento da narrativa nacional por parte dos setores subalternos tem revelado seu caráter heterogêneo, conflituoso e histórico, enfraquecendo a assumida legitimidade do relato hegemônico. Isso tem provocado a re-memorização de narrativas silenciadas e, portanto, o surgimento de «novas» memórias em disputa. O presente artigo foca os recentes processos de visibilização e recordação do passado dos negros na argentina, tradicionalmente relegado do relato sobre a conformação populacional. Indagamos, em particular, as atuais reconstruções estatais de novas memórias «afro» a partir do questionamento das significações hegemônicas. Para isso, analisam-se mediante a observação participante, em especial, os discursos de funcionários estatais que interagem, periodicamente, com as associações e organizações «afro» na argentina.

Palavras chave: memórias, visibilização, estado argentino, afrodescendentes, africanos.


Introducción

Los Comaroff (2011: 183) sostienen que, en los últimos tiempos, los reclamos por la identidad han puesto en duda las clásicas narrativas nacionales, revelando su carácter heterogéneo, diverso y conflictivo, y debilitando el imaginario fuertemente arraigado —desde los procesos de constitución de las naciones modernas— que impone la sinonimia entre cultura e identidad (Grimson, 2010). Esto promueve la conformación de nuevas identificaciones en un marco que se pensaba consensuado y amparado por una «misma cultura» y una «misma historia». Lo que nos interesa destacar aquí es que esos relatos nacionales «fueron desacreditados, no solo por procesos de globalización, sino por dinámicas emergentes» como aquella que involucra a los grupos de afrodescendientes y africanos, «que repusieron la distancia entre territorio jurídico, la cultura en el sentido tradicional y las identidades» (Grimson, 2010: 66).

Nuevas identidades o re-identificaciones requieren de nuevas (o renovadas) pertenencias culturales, y es allí donde surgen las memorias como anclaje (anderson, 1997; Brow, 19903). No es casual entonces que se revitalicen debates sobre la historia argentina y el silenciamiento operante sobre las memorias subordinadas a ese relato hegemónico, en particular, sobre la presencia del componente africano en la conformación de la nación y su continuidad hasta el presente.

En trabajos anteriores (Monkevicius, 2012) exploramos las nuevas formas que adquieren las memorias cuando son construidas, seleccionadas por dirigentes, líderes «afro» (que integran organizaciones y asociaciones de afrodescendientes e inmigrantes africanos) con fines identitarios y de gestión. No obstante, para los propósitos de este artículo, nos situamos metodológicamente desde el «otro lado»,4 es decir, desde un interlocutor central de esas narrativas subalternas, esto es, el estado a través de sus funcionarios. Particularmente analizamos los discursos públicos de aquellos funcionarios (ministros, secretarios, subsecretarios, directores de áreas, asesores, cancilleres, concejales, entre otros) que interactúan periódicamente con los voceros y dirigentes africanos y afrodescendientes, como resultado de su labor en determinados organismos estatales (nacionales, provinciales y municipales) tendientes a la defensa de los derechos humanos, la lucha contra la discriminación, el racismo y la desigualdad, la promoción del desarrollo social, la reivindicación de condiciones laborales, la inclusión de África en la agenda económica y política argentina, entre otros. Cabe aclarar que el estado no es entendido aquí como un actor único u homogéneo sino como un agente activo, diverso y complejo que, sin embargo y como veremos a lo largo del artículo, logra solapar en parte las heterogeneidades internas a la hora de la articulación pública de la negridad.

Este artículo se propone entonces explorar cómo se articula y define la diferencia negra a partir de la interlocución entre sectores estatales, por un lado, y dirigentes y militantes afrodescendientes y africanos, por el otro. Para ello, apelamos principalmente a la observación participante y al registro de los datos en reuniones, encuentros, foros, congresos donde se producen los discursos por parte de los funcionarios estatales con la intención de rastrear el rol que cumplen los sentidos del pasado en la definición y el posicionamiento del «otro» negro subalterno dentro del relato hegemónico de la nación argentina. Dedicaremos el siguiente apartado entonces a caracterizar brevemente este relato producto de una particular formación de alteridad en argentina.

Legitimidades en disputa

Es pertinente comenzar diciendo que las construcciones nacionales del pasado se presentan como las formas más legítimas que adquieren las memorias colectivas (Pollak, 1989). Esta legitimidad, no obstante, se encuentra amenazada, en mayor o menor medida, por otras versiones que la disputan en la arena política (Popular Memory Group, 1982; Brow, 1990). Por esta razón, los procesos de nacionalización debieron poner en marcha fuertes mecanismos ideológicos tendientes a generar sentido de pertenencia transformando «los múltiples 'pasados' de su historia en una herencia nacional común» (Briones, 1995: 45) o un «fondo común de referencias» (Pollak, 1989), un discurso unificado y autorizado para ser transmitido por los «mecanismos estatales de generación de propuestas de identidad» (Juliano, 1987). Como sostiene Pollak (1989), para que esto sea posible la memoria hegemónica requiere credibilidad, aceptación y un intenso trabajo de organización superador del «simple montaje ideológico» que debilitaría y revelaría el carácter construido y heterogéneo de las memorias. Esta necesidad convirtió a las «instituciones del estado» (educativas, administrativas y judiciales) en «agencias de estado» dentro de un proceso histórico muy específico de sujeción que tiende a legitimar lo ilegítimo (Corrigan y sayer, 2007).5

¿En qué consiste esta ilegitimidad entonces? en reconfigurar las diversidades, las distintas versiones del pasado con sus propias historicidades y contextos sociales de significación «normalizando»6 las memorias tras una «historia ficticia».7 Pero cada formación nacional apela a diferentes criterios étnicos, sociales o políticos que devienen de procesos históricos «caracterizados por sistemas particulares de poder y autoridad que consideran creíbles solo ciertas formas de herencia» (olwig, 1999: 370) mientras invisibilizan o silencian otras. En otros términos, la idea de proceso impide hablar de formas estables y permanentes de construcciones de alteridad (Briones, 2005) sino que existen marchas y contramarchas, prácticas hegemónicas históricamente cambiantes (Gillis, 1994; Briones, 1998) donde operan «reconstrucciones» y «reimaginaciones» de homogeneidad y diversidad cultural (Handler, 1994: 38).8

A partir de mediados del siglo XiX y particularmente desde 1880,9 el estado argentino puso en marcha su «máquina de aplanar» las diferencias (segato, 2007). Esta aplanadora cultural se constituyó en gran medida como una «aplanadora mnemónica» (Monkevicius, en prensa) que anulaba «otros» sentidos del pasado para imponer, principalmente a través de la educación pública, una sola y «neutral» memoria hegemónica10 que aseguraría la integración al colectivo nacional, en tanto «crisol de razas» (europeas) y, en consecuencia, una igualdad en la asignación de derechos a los «argentinos» en tanto ciudadanos.

Aquellos sentidos del pasado que no se ajustaban al ideario nacional debieron replegarse, silenciarse y transmitirse en forma privada o a través de canales no autorizados. Esto sucedió particularmente con las memorias de la presencia negra en argentina, constituyéndose «el negro en metáfora de toda diferencia, toda etnicidad» (segato, 2007: 197). La especificidad del pasado negro fue olvidada tras su desaparición ideológica y discursiva mientras aun los sujetos descendientes de la trata de esclavos permanecían (ya sin documentarse en censos) como parte integrante del componente poblacional de la nación. El olvido se tradujo en corolario de esa desaparición (Geler, 2005; Frigerio, 2008) que no evitó el resguardo de las memorias afroargentinas en nichos externos a los canales oficiales de transmisión del pasado. Se conformó así una «memoria subterránea» que esperaba salir nuevamente a la luz y ponía en tensión los proyectos nacionales homogenizadores.11 Como sostiene Pollak (1989), «esas memorias subterráneas prosiguen su trabajo de subversión en el silencio y de manera casi imperceptible afloran en momentos de crisis a través de sobresaltos bruscos y exacerbados». Aunque esto no anula la participación que han tenido los afroargentinos (en particular, los afroporteños), a través de sus dirigentes e intelectuales, en la «contra-esfera pública subalterna» (Geler, 2010) particularmente durante la puesta en marcha del proceso de nacionalización que, según Geler, fue consensuado para olvidar y ocultar el pasado como llave para pertenecer a la nación.

Pero, como señalamos en trabajos anteriores (Monkevicius, 2013), para algunos autores africanos, esta forma de dominación sobre los relatos subalternos no debe entenderse aisladamente en el contexto de las naciones receptoras de la diáspora africana, sino que se encuentra en consonancia con una «filosofía africana», con «modos africanos de autoadscripción» (Mbembe, 2002) donde existe un trabajo de memoria, particularmente en relación a la trata esclavista, que se caracterizó por la «difracción». Mbembe arguye que la memoria africana sobre la esclavitud se mantuvo en un plano inconsciente, silenciada por la culpa y la propia responsabilidad africana sobre los acontecimientos. Cuando se intentó rememorar, introduciéndola en el dominio consciente, surgieron dificultades para el discurso dominante africano. Para Mbembe no existe una memoria africana de la esclavitud que constituya un «telos universal», sino la represión y el silencio sobre el pasado que se extiende a ambos lados del atlántico. Lo cierto es que esta particular forma africana de pensar el pasado se vio constreñida por el encuadramiento de la historia nacional y el escaso margen para el disenso. El olvido de los negros en argentina entonces se vio potenciado por la intersección de estas dos narrativas, una a nivel nacional y otra que se trasnacionaliza junto con la diáspora africana.

«Revisar la historia» para «reconocer una identidad negada»: Discursos estatales sobre el pasado «afro»

A mediados de la década de 1990, debido a la llegada de corrientes multiculturalistas (Frigerio y Lamborghini, 2010) y del «posicionamiento del discurso sobre la biodiversidad» (Restrepo, 2013: 152), reaparecen en la escena pública significaciones del pasado que se encontraban silenciadas. Podríamos decir, retomando lo ya expuesto, que en los últimos años se ha producido un cambio en las construcciones hegemónicas de alteridad a nivel nacional, que se inserta en un entramado regional e internacional de debate y revisión sobre la identidad, la pertenencia y los derechos de los colectivos africanos y afrodescendientes12 en cuanto poblaciones «vulnerables» afectadas por la exclusión, la pobreza y la falta de reconocimiento de su diversidad sociocultural (agudelo, 2011). Esto abrió una «estructura de oportunidades» (Frigerio y lamborghini, 2011a13) que se tradujo en la producción de nuevas narrativas y en la implementación de diversas políticas públicas que tienen como destinatarios a los grupos que se adscriben como «afros». Específicamente en argentina, primero de manera vaga y luego con mayor formalización, el estado ha implementado una serie de medidas dirigidas hacia las demandas provenientes de estos colectivos aunque, como generaliza agudelo (2011) para américa latina, «dejan aun sin respuesta muchas reivindicaciones sociales y políticas que acompañaron el discurso de los diferentes actores que han interactuado en el proceso de construcción del multiculturalismo». Entre las formas de reconocimiento institucional14 se puede mencionar la intervención del INADI (desde 2006) sobre problemáticas vinculadas a afrodescendientes; la inclusión de la pregunta sobre ascendencia africana en el censo 2010;15 diversos proyectos legislativos, algunos de los cuales se han hecho efectivos, como la declaración del día del afroargentino/a y la cultura afro en santa Fe, en la ciudad de Buenos Aires y, recientemente, en todo el país;16 la inclusión en ceremonias conmemorativas, como los festejos por el bicentenario en 2010, entre otros.17 A la par de estas iniciativas se observa, como mencionamos arriba, la producción de formas discursivas desde ciertos sectores del estado que disputan la clásica narrativa hegemónica de una nación blanca y homogénea. Son enunciadas, principalmente, por funcionarios y dirigentes públicos que interactúan con las organizaciones que nuclean a africanos y afrodescendientes, las cuales se proponen el objetivo de demandar una ampliación de derechos ciudadanos a partir del reconocimiento de su especificidad étnico-cultural e histórica.18 Por lo tanto, estas narrativas no pueden leerse como el producto exclusivo del accionar estatal, sino que son fomentadas y debatidas por los propios grupos subalternos (particularmente a través de sus dirigentes), quienes operan sobre este reciente proceso de «tránsito» hacia una marcación/visibilización. Como se observó, lejos de pensar los estados como actores uniformes con formas de acción estandarizadas hacia los subalternos, creemos, como Grimson (2013: 18) que ya no pueden ser pensados solo como maquinarias excluyentes sino que «presentan marcas, a veces poderosas, de intervenciones originalmente subalternas». En los términos expresados por el interventor del inaDi19 en 2010:

La construcción de una reivindicación histórica no se hace solos sino compartiendo y en eso el estado argentino, a partir de 2003, ha dado pruebas más que evidentes y concretas respecto a la recuperación de muchos de esos derechos que habían sido históricamente vulnerados

Si bien se puede hablar en términos de una «co-construcción» de un nuevo relato, la noción de «compartir» oculta las inherentes relaciones de poder entre el estado («nosotros» según el mismo funcionario) y los grupos subalternos («ustedes») a la hora de seleccionar y usar determinados acontecimientos del pasado para autorizar reclamos y avalar la «recuperación» de derechos en el presente. Se trata pues de una co-construcción jerarquizada donde el colectivo de afrodescendientes y africanos (a través de sus asociaciones y organizaciones) intenta abrir/crear/intervenir, con menor capacidad de maniobra, nuevos espacios legitimados de debate e interlocución. Existe, pues, como señalan Frigerio y lamborghini (2011b: 32), un marco que favorece la enunciación de nuevas narrativas multiculturales por parte de funcionarios y dirigentes que «provee oportunidades para la expresión de distintas manifestaciones culturales y para la movilización en pro de derechos culturales y sociales».

¿En qué términos los discursos analizados interpretan esta coyuntura tendiente a la visibilización de la composición multicultural de la nación? los funcionarios refieren principalmente a una «nueva realidad social y política que los escucha y los agrupa»,20 que surge como un nuevo contexto de interlocución opuesto al silenciamiento operante en el relato nacional que además insta a la organización y al agrupamiento de los «afros», activando compromisos y alianzas que, sin embargo, encuentran dificultades para vencer las divisiones y conflictos internos. Este periodo se inicia, según los relatos, con el mandato del presidente Néstor Kirchner en 2003, como hemos visto en la cita anterior, y continúa durante el gobierno actual:

La argentina, decíamos, siguiendo lo que había dicho la presidenta Cristina Fernández, a partir de 2003 empezó una etapa de revisitar su pasado, una etapa muy difícil de transitar porque muchas veces no existían los cuadros técnicos para realizar esa tarea21.

Algunos de estos dirigentes lo definen como un «punto de inflexión»22 o un «cambio de época»23 que se establece como consecuencia de una clara decisión política que favorece la defensa de los derechos humanos y el reconocimiento de la diversidad interna pero que no contempla la «estructura de oportunidades» (y también constreñimientos) operante en el plano regional e internacional. Además situando el origen de esta visibilización en 2003 los discursos desconocen el perseverante accionar de diversos grupos de afrodescendientes e inmigrantes africanos que comienzan a organizarse desde la década de 1990 y que «preparan el terreno» para las actuales condiciones que habilitan reconocimientos. A su vez, oponen este posicionamiento político-ideológico, al que denominan «lógica»24 o «paradigma»,25 a una «ideología dominante»26 o «liberal»27 que se condensa en el proceso de nacionalización argentino a través del accionar de la generación de 188028 y cuyas consecuencias se expresan en las políticas adoptadas respecto a las minorías étnicas durante el gobierno menemista de los 9029 y el macrismo30 en los últimos años. Surge así un escenario que debilita la legitimidad indiscutida de la narrativa hegemónica y que habilita nuevas historias y temporalidades (Chatterjee, 2008) tendientes a revisitar o «redescubrir» el pasado:

Es muy importante que la argentina como sociedad empiece a redescubrirse, como dijo la presidenta hace un poquito, que planteaba en su discurso la cuestión sobre el revisionismo de la historia, sobre la voluntad de revisar la historia en función de reconocer una identidad, una identidad, decimos nosotros, que ha sido negada por la sociedad argentina.31

Retomando lo que arguye Hoffmann (2000) para el caso de los afrocolombianos, los funcionarios apelan a un proceso de reconstrucción identitaria que requiere de la memoria como «fuente primera de legitimación»32 y reconocimiento. Este particular contexto al que ya aludimos puede pensarse como aquellos momentos de crisis que plantea Pollak (1989) donde la memoria y la identidad ya no «actúan por sí solas» sino que se ven sometidas a procesos de reconfiguración. La sinonimia entre identidad y cultura es puesta en suspenso. En consecuencia las nuevas identificaciones (Hall, 2003) requerirán de la apelación a nuevos elementos de la configuración cultural, fundamentalmente, de las memorias. Las formas, materializaciones y sentidos que adopten dependerán de los grupos que recuerden y de su posición para imponer una versión sobre otras. Específicamente, en los discursos de los funcionarios públicos, observamos una interpelación permanente al pasado en clave de «revisión», «redescubrimiento», revisibilización, de recuperación de una continuidad histórica interrumpida por una particular «formación de alteridad nacional» (segato, 2007: 29) basada en la idea de un crisol de razas blancas y europeas que negó la diversidad constituyente de la población argentina y, en particular, la alteridad negra.

Sorque si algo ocurrió en estos 400 años, 300 años, 200 años, tiene que ver con eso, con la invisibilización que los sectores que ostentaban el poder han hecho sobre los sectores que no podían expresar su voz para reclamar por esos derechos. [...] Ratificar esta convicción y este sentido de pertenencia de ser argentino, como han sido en la construcción de estos 200 años de identidad nacional... pero bueno, la lucha de los poderosos por la invisibilización fue avanzando y llegó, dio resultados, hasta que realmente hoy podemos decir que hay una nueva realidad.33

Leíamos en el diario La Nación, hace muy poco [...] la cuestión de que están rehabilitando nuevamente esta idea de [...] la inmigración europea como fundante de un modelo de país, digamos que esa mirada, tan de la generación del '80 [1880] que ha sido tan discutida y que hoy en día nos convoca desde esos lugares.34

La revisión del pasado es entendida como una «lucha», como una «convicción» y una «voluntad» frente a la imposición, desde hace siglos, de la historia de los «dominantes» y «poderosos», y que recién «hoy», en este particular proyecto político, puede ser rebatida y disputada. De ahí que la memoria sea un terreno fructífero para la expresión de disensos y luchas entre diversos sectores

Sociales ocupando diferentes posiciones de poder. El binomio «nosotros-ellos», el cual para los dirigentes afrodescendientes y africanos se compone, por un lado, de los negros relegados e invisibilizados y, por el otro, del estado (en cuanto objeto de demandas35), se encuentra aquí reformulado en términos de una oposición entre «nosotros», el estado (representado por el kirchnerismo) junto con los sectores «afro», y «ellos», los grupos dominantes, conservadores y elitistas que aún intentan «rehabilitar» la construcción ideológica de la nación del siglo XiX. Proponen, por lo tanto, un relato superador de aquel que signó la configuración de la argentinidad y que tendió a «borrar la negridad remitiéndola a un pasado y generando el imaginario de que ser argentino y negro no son dos cosas que vayan juntas» (Restrepo, 2013: 151). La alternativa implica la revisión de una historia de larga duración, en particular asumiendo y revalorizando el origen esclavo de la actual población afrodescendiente. Si bien los funcionarios estatales asignan, como hemos observado, este proceso casi exclusivamente a una iniciativa política local, la visibilización en términos de memoria puede entenderse, en parte y según agudelo (2011), por la implementación del programa «la ruta del esclavo» por parte de la unesCo en 1994 para incentivar la creación de una red transnacional de investigadores que realce la historia de la trata esclavista. De esta manera, la historia y la memoria de la esclavitud se constituyeron en elementos centrales del discurso político enarbolado por los movimientos de afrodescendientes y africanos en latinoamérica en la interpelación al estado, el cual se vio constreñido a recordar/resignificar este hito del pasado en tanto principal interlocutor de las demandas. Un ejemplo de ello lo encontramos en la i asamblea nacional de afrodescendientes realizada en Buenos Aires en 2012 en el contexto de un discurso que pretendía el reconocimiento de la diversidad étnica y cultural en la composición de la nación:

Yo creo que en esta asamblea hay que honrar a los que pudieron traer hasta acá, desde la época de la esclavitud y después de esa época que ustedes pueden hoy tomar la bandera... Esa reivindicación de lo afrodescendiente.36

Rememorizar significa entonces restituir una continuidad, trazar un «puente mnemónico», que legitime los actuales de identificaciones vinculadas a lo «afrodescendiente» lo cual, retomando a Brow (1990), favorece la conformación de nuevos colectivos a partir de establecer experiencias históricas compartidas que proporcionen sentido de pertenencia y solidaridad entre sus miembros. Pero, por otro lado, la categoría sugiere también un posicionamiento para la participación ciudadana desde las políticas de la diferencia (Restrepo, 2013: 154). De esta manera, la negridad se resignifica en la nación argentina en términos de particularidades culturales (en este caso, las memorias) que conllevaron desigualdades y, a su vez, como herramienta de gestión que autoriza los actuales requerimientos.

Y muchas luchas fueron perdidas [...] yo creo que hoy es un paso en esta lucha de ustedes, un escalón en el objetivo de considerar que lo afro sea parte de la nación argentina. El gran desafío que tienen ustedes, que tenemos nosotros, juntos, es que la nacionalidad argentina, la argentinidad, «la argentinidad al palo»,37 sea lo que realmente es y nuestra nación se compone de cuatro componentes: se compone del aporte de los pueblos originarios, que hubo mucho tiempo también invisibilizado, también perseguido, también ignorado; del aporte de los afro, de esos afros que vinieron obligados en su momento y después voluntariamente y exiliados algunos económicamente; se compone del ingrediente de migración europea y se compone del componente de migración de los países limítrofes, aunque no le guste a Macri,38 esos son los cuatro componentes de nuestra nacionalidad, no importa el porcentaje39.

Cuando uno piensa en la argentina, tiene que pensar lo que hemos escuchado nosotros infinidad de veces, en la idea de que la argentina viene de los barcos, viene de la inmigración fundamentalmente europea. Esa idea es una verdad pero es una media verdad, en el sentido de que si nosotros pensamos que la argentina nació de los barcos, que es un sentido común, expresado cotidianamente, tenemos que pensar y qué había antes en la argentina, antes de que los barcos llegaran acá, era un desierto, estaba vacío, parece. Nosotros, desde las investigaciones que hemos venido realizando, desde la gestión pública, estamos intentando hacer conocer otra mirada que reconoce como parte del tronco poblacional argentino a los inmigrantes europeos porque de hecho un gran porcentaje de la población, no la mayoría, eso está en discusión también, si es la mayoría o no, de hijos de inmigrantes europeos. Reconocemos ese tronco poblacional pero también tenemos que pensar en otro tronco poblacional que han conformado la sociedad argentina: el tronco originario, de los pueblos originarios, y el tronco de los afrodescendientes que, como decíamos, ha sido negado sistemáticamente en la historia.40

Nuevamente se advierte cómo esta resignificación de la historia por parte del estado incorpora en un «nosotros» inclusivo que abarca tanto a funcionarios estatales como a sus interlocutores afrodescendientes que son reintroducidos, a través de la metáfora botánica del árbol,41 en la narrativa dominante como parte de la nación, uno de sus «componentes» poblacionales, junto a otras diversidades étnicas y sus pasados, tradicionalmente invisibilizados en el proceso de construcción de una única «herencia nacional común», como mencionáramos anteriormente. En este sentido, repensar la particularidad histórica y cultural afrodescendiente implica rever (tener «otra mirada» sobre) la construcción dominante de la identidad nacional: la argentinidad, «porque si no sabemos quiénes somos es difícil que busquemos nuestro futuro, eso es lo que somos».42 Por lo tanto, junto con la revisión de la memoria, y retomando a Pollak, se produce una reflexión sobre la identidad, la cual ya no se presenta como dada e indiscutible sino como un producto histórico, dinámico, surgido de un proceso de ingeniería cultural encabezado por un determinado sector político e ideológico que se encuentra cuestionado desde los grupos subalternos y desde el discurso estatal actual basado en la valorización de las diferencias culturales y la defensa de los derechos humanos.

Por lo tanto, estas nuevas identificaciones dan cuenta de una rearticulación de la diferencia negra que visibiliza las contribuciones étnicas y raciales reintroduciéndolas en el colectivo nacional desde los márgenes temporales e históricos donde las había situado/borrado la narrativa dominante (Frigerio y lamborghini, 2011b).

Cuando uno trata estos temas con gente que trabaja en la universidad, que tiene un alto nivel sociocultural, cuando trata estos temas dicen que los negros desaparecieron en el siglo XiX, en la guerra del Paraguay, por la fiebre amarilla [...] y la pregunta en ese momento es si habían desaparecido todos, cómo fue un esclavismo así. Y cuando uno los ve sentados en una mesa, por ejemplo acá a los compañeros de apellido lamadrid, uno tiene que reflexionar bastante para tratar de entender por qué ellos están acá por esto. Y ha pasado, por ejemplo, cuando estudiábamos el tema, la cuestión de la visibilización.43

La propuesta del estado consiste en recuperar la memoria, es decir, la trasmisión intergeneracional que en el relato hegemónico se interrumpe abruptamente en los episodios de la guerra del Paraguay y la epidemia de fiebre amarilla de fines del siglo XiX. Revertir este olvido permitiría comprender la actual presencia de afrodescendientes y revalorizar el aporte cultural y social que, desde una posición «subterránea», han realizado desde la conformación de la nación. Implica asimismo la dificultad de poner en duda formas comunes de entender el pasado que han sido internalizadas a través del trabajo de «aplanamiento mnemónico»44 ejercido por la historia hegemónica sobre las subalternas.

Si es desde el olvido donde el relato nacional homogenizante los ha construido como alteridad, los funcionarios estatales, retomando los discursos nativos, reconstruyen desde la memoria esa línea demarcatoria, esa diferencia que les permite identificarlos y visibilizarlos como «otros» ciudadanos que «están acá» con la capacidad de disfrutar de los mismos derechos en tanto integrantes del colectivo nacional. Se encuentra presente esa tensión a la que se refiere Hanchard (2009: 45), entre el olvido impuesto por los «proyectos nacionales para enfatizar la unidad nacional, y la tenaz proyección de la memoria por actores no estatales con el objetivo de mantener vivas las historias de aquellos reprimidos y negados por el estado». Aunque el binomio estatal vs. No estatal ya no puede pensarse claramente delimitado sino reconstituido en términos de estatal (representado por la «elite dominante») vs. estatal (posicionamiento multiculturalista y promotor de diversidades e igualdad de derechos) junto con sectores subalternos negros. el estado representado por los funcionarios mencionados, frente a los cuestionamientos de estos sectores subalternos y su pluralidad de memorias, se vio compelido a pensar, a «reflexionar» sobre el pasado poniendo en suspenso las organizaciones y conformaciones de sentido previas, e incorporando, mediante el discurso, a los sectores «afro» como «coautores» (diferencialmente posicionados) de un nuevo relato.

Palabras finales

Como hemos observado a lo largo del artículo, y retomando a Restrepo (2013: 148), existe un contexto propicio para la articulación política de la negridad en clave de memorias que deviene en una «'visibilización pública' en tanto sector subalternizado racialmente» y olvidado históricamente. Algunos integrantes del actual gobierno participan de este proceso de una manera activa, en convergencia con las demandas de inclusión-rememorización por parte de afrodescendientes y africanos. Sin embargo, enarbolan para ello un relato uniformizado y monológico que deja escaso margen para la comprensión de las dinámicas históricas que han dado lugar a diversas e intermitentes racializaciones y alterizaciones de la negridad en argentina.

A pesar de la unificación que proponen mediante la categoría «afro», la diversidad de orígenes, procedencias, ideologías, posicionamientos sociales, etc., impide hablar de «una memoria negra» sino de múltiples y diversificadas memorias sobre el pasado africano en argentina que se despliegan desde el origen comunalizador de la «época de la esclavitud». Sin embargo, en su pluralidad y hasta competencia, encuentran anclaje en el hecho de haber sido historias relegadas del relato monolítico oficial, el cual comienza a ser entendido, aún desde el estado, ya no como algo indiscutible y naturalizado, sino como un producto histórico, «como el resultado particular e ideológico del modo en que los bloques de poder fueron usando el pasado para autorizar y legitimar las estructuras sociales asimétricas, y para distribuir y controlar a los 'otros internos'» (Ramos, 2011) y, por lo tanto, pasible de ser «revisado», «revertido», «completado»45 y apropiado. Los discursos aquí analizados nos permiten afirmar que la subalternidad del colectivo conformado por afrodescendientes y africanos comienza a transformarse desde la invisibilidad y la negación, con un pasado «no dicho», hacia el reconocimiento de su particularidad racial y cultural, lo que da paso a una memoria audible dirigida a la contestación y la reivindicación de los espacios sociales perdidos o no asignados desde la conformación de la nación. Y en esa reconfiguración de la diversidad negra tendiente a la visibilidad, el sector estatal aquí analizado, adquiere un rol cada vez más relevante. Queda por ver cómo esas transformaciones simbólicas a nivel de los discursos se traducen en la implementación futura de efectivas políticas de inclusión, reconocimiento y redistribución de recursos respecto a las minorías de origen negro en argentina.


Pie de página

3Brow retoma a Anderson enfatizando la dimensión jerárquica de las comunidades.
4Cabe aclarar que dicha dinámica no se piensa como una dualidad polarizada, sino como un entramado caracterizado por una heterogeneidad y variedad de actores en diferentes niveles de articulación.
5Sollors (1989) se refiere a este proceso como un camuflaje del acto de invención.
6Retomando la expresión "normalization" de Olick (1998).
7Parafraseando la expresión de Segato sobre la construcción argentina de una «etnicidad ficticia» (2007: 30).
8Esto se observa también en relación con algunos grupos de inmigrantes europeos, particularmente aquellos provenientes de Europa del este, quienes han sido alternativamente excluidos e integrados respecto al deseado «crisol de razas» (véase Monkevicius, en prensa).
9Por esta época comenzó a plantearse la necesidad de inventar una «tradición nacional» que, en esta primera instancia, se puso en práctica desde los ámbitos escolares especialmente a través de los rituales de conmemoración nacional. George Mosse (2007: 32) denomina a este proceso «religión secular», cuya teología se expresa mediante la liturgia.
10A pesar de las diferencias políticas e ideológicas que impregnaron los debates acerca de qué pasado debía ser el pasado nacional, todos los sectores involucrados concordaron sobre la relevancia de su delimitación y trasmisión ya sea para afirmar la conciencia cívica, para construir la memoria colectiva o para generar la adhesión patriótica y consolidar la nacionalidad (Bertoni, 2007: 119).
11Véase Hanchard (2009).
12Los que comenzaban a visibilizarse junto a indígenas y nuevos migrantes.
13Los autores retoman la noción de Doug Mcadam.
14Véase Frigerio y Lamborghini (2011a).
15Luego de más de un siglo de silenciamiento estadístico.
16El 8 de noviembre según la ley 26.852.
17Específicamente las acciones se intensificaron durante 2011 declarado, por la UNESCO, como el Año Internacional del Afrodescendiente.
18Para profundizar sobre la comunalización de afrodescendientes y africanos en los últimos años, remitimos a Frigerio y Lamborghini (2011a). Entre las más activas podemos mencionar a la DIAFAR (Diáspora Africana de la Argentina), la agrupación AfroXangó, la asociación de afrodescendientes del tronco colonial denominada «Misibamba», la asociación de senegaleses en Argentina, entre otras.
19Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo. Comienza a relacionarse con el movimiento afro desde el año 2006. Véase Frigerio y Lamborghini (2011a).
20Interventor del INADI, marzo de 2012.
21Asesor de Subsecretaría de Relaciones Laborales en el marco de una jornada sobre «Trabajo y cultura afro en la Argentina» donde se discutió, entre otros temas, el carácter discriminatorio de la extendida expresión «trabajo en negro». Facultad de Filosofía y Letras (UBA), 15 de marzo de 2011.
22Director del Área del África Subsahariana del Ministerio de Relaciones Exteriores en el marco de la realización de un panel sobre «Memoria y proyecciones actuales de la presencia africana en la Argentina» coordinado por Dina Picotti. UNGS, 2 de junio de 2011.
23Embajador Laborde, coordinador del Consejo Consultivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, en el marco de la Asamblea Nacional de Afrodescendientes, marzo de 2011.
24Asesor de Subsecretaría de Relaciones Laborales. Facultad de Filosofía y Letras (UBA), 15 de marzo de 2011.
25Ídem.
26Embajador Laborde, coordinador del Consejo Consultivo del Ministerio de Relaciones Exteriores. Marzo de 2011.
27Decano de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Jornada sobre «Trabajo y cultura afro en la Argentina». FFyL (UBA), 15 de marzo de 2011.
28Denominación que agrupa a una serie de intelectuales y políticos preocupados por superar la disgregación entre sociedad nacional y nacionalidad a fines del siglo XIX (véase Bertoni, 2007).
29Encabezado por Carlos Menem entre 1989 y 1999.
30Movimiento político dirigido por Mauricio Macri, actual Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
31sesor de Subsecretaría de Relaciones Laborales. Facultad de Filosofía y Letras (UBA), 15 de marzo de 2011.
32Si bien Hoffmann se refiere específicamente a la cuestión afrocolombiana en relación con la demanda de territorios, creemos que es posible extrapolar la relación entre identidad, memoria y legitimación para el caso argentino.
33Interventor del INADI. Asamblea Nacional de Afrodescendientes. Buenos Aires, marzo de 2012.
34Decano de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). FFyL, marzo de 2011.
35Tema trabajado en Monkevicius (2012).
36Embajador Laborde, coordinador del Consejo Consultivo del Ministerio de Relaciones procesos de comunalización a partir Exteriores. Marzo de 2011.
37Citando el conocido estribillo de una canción titulada «La argentinidad al palo» compuesta por el grupo Bersuit Bergarabat.
38Se trata del ya mencionado Mauricio Macri, actual jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires (20112014) y líder del partido opositor PRO.
39Embajador Laborde, coordinador del Consejo Consultivo del Ministerio de Relaciones Exteriores. Marzo de 2011.
40Asesor de Subsecretaría de Relaciones Laborales. Facultad de Filosofía y Letras (UBA), 15 de marzo de 2011.
41Un recurso clásicamente utilizado por los nacionalismos para crear identidad entre población y territorio. Véase Alonso (1994).
42Embajador Laborde, coordinador del Consejo Consultivo del Ministerio de Relaciones Exteriores. Marzo de 2011.
43Asesor de Subsecretaría de Relaciones Laborales. Facultad de Filosofía y Letras (UBA), 15 de marzo de 2011.
44Reformulando una expresión de Rita Segato (2007).
45Tres términos entrecomillados fueron usados por líderes afro.


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