Problematizando el turismo residencial europeo: tecnologías globales de gobierno y formas de subjetivación1

Problematizing European residential tourism: government global technologies and ways of subjectivation

Problematizando o turismo residencial europeu: tecnologias globais de governo e formas de subjetivação

José Palacios Ramírez2
Universidad Católica San Antonio (Ucam), España
jpalacios@ucam.edu

Modesto García Jiménez3
Universidad Católica San Antonio (UCAM), España
mgarcia@ucam.edu

Juan I. Rico Becerra4
Universidad de Murcia (UMU), España
juan.rico@um.es

1Este artículo de investigación tiene su origen en los dos proyectos de investigación subvencionados que aquí se reseñan:
-Proyecto de investigación: «Comunicación Intercultural y Conciencia Europea. La convivencia entre diferentes nacionalidades en los centros de la inmigración norte europea en el levante español» (20042006), financiado por la Fundación Séneca. Agencia Regional de Ciencia y Tecnología (Gobierno de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia).
-Proyecto de investigación: «Sociedad multicultural: ciudadanos comunitarios y no comunitarios en municipios de interior» (2009-2010), financiado por la Fundación Séneca. Agencia Regional de Ciencia y Tecnología (Gobierno de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia).
2Doctor en Antropología y Bienestar social.
3Doctor en Antropología.
4Doctor en Antropología Social y Cultural.

Recibido: 31 de julio de 2013 Aceptado: 11 de noviembre de 2013


Resumen

Este trabajo recoge un conjunto de reflexiones sobre el turismo residencial que surgen tras la finalización de un proyecto de investigación. Fundamentalmente estas se articulan en un sentido crítico, pues intentan analizar vacíos o limitaciones teóricas en las formas de abordar este fenómeno desde las ciencias sociales, especialmente en todo lo relacionado con sus dimensiones sociopolíticas. Así el trabajo trata de problematizar ciertas convenciones habitualmente ligadas a la representación teórica del turismo residencial, como ciertos excesos en su caracterización global, o la presencia acrítica de retóricas asociadas a la libertad o la creatividad. Además también señalamos la necesidad de ahondar en la crítica socio-histórica de lo que el turismo ha supuesto y supone en sociedades como la española.

Palabras claves: turismo residencial, estilos de vida globales, gubernamentalidades neoliberales, tecnologías de gobierno, formas de subjetivación.


Abstract

This work gathers a set of reflections on residential tourism that emerge after finishing up a research project. Fundamentally, these are articulated in a critical sense, since they aim to point to theoretical gaps or constraints on the ways to approach this phenomenon from a social science perspective, especially in everything concerning its socio-political dimensions. Thus, this paper aims to call into question certain conventions usually linked to the theoretical representation of residential tourism, such as some overindulgence in its global characterization, or the acritical presence of rhethorics associated with freedom or creativity. Also, the need to delve into a sociohistorical critique of what tourism has involved and is involving for societies like the spanish is highlighted.

Keywords: Residential tourism, global lifestyles, neoliberal governmentalities, government technologies, forms of subjectivation.


Resumo

Este trabalho reúne um conjunto de reflexões sobre o turismo residencial que surgem após a finalização de um projeto de pesquisa. Estas reflexões articulam-se, fundamentalmente, em um sentido crítico, pois apontam para vazios ou limitações teóricas nas formas de abordar esse fenômeno a partir das ciências sociais, especialmente tudo o que está relacionado com as dimensões sócio-políticas. Desse modo, o trabalho tenta problematizar determinadas convenções habitualmente ligadas à representação teórica do turismo residencial, como alguns excessos em sua caracterização global, ou a presença acrítica de retóricas associadas à liberdade ou à criatividade. Além disso, apontamos para a necessidade de aprofundar a crítica sócio-histórica daquilo que o turismo supôs e supõe em sociedades como a espanhola.

Palavras chave: turismo residencial, estilos de vida globais, governamentalidades neoliberais, tecnologias de governo, formas de subjetivação.


Introducción

La primera década del siglo XXi, en especial el periodo 2000-2005, puede considerarse el momento de apogeo de un fenómeno social relativamente nuevo hasta ese momento: el llamado turismo residencial.5 A grandes rasgos este consistió en que un número significativo de ciudadanos del norte y el centro de europa (en particular británicos) optaron por asentar su residencia en zonas del interior del sudeste peninsular español. El componente «novedoso» de dicho fenómeno radica principalmente en que este tipo de turismo vendría a romper con la «tradición turística» española, ligada al turismo estival salvo ciertas experiencias en la costa del sol y en las islas Baleares, vinculadas a elites transnacionales y a comunidades contraculturales. A la cuestión temporal habría que añadirle un elemento espacial: el hecho de que muchas residencias se asentaron en zonas del interior de murcia, almería o Granada, hasta entonces fuera de los circuitos turísticos habituales debido a su distancia «infraestructural» de la costa.

Evidentemente que las relaciones históricas de españa con el turismo, en los campos político, socioeconómico e incluso cultural, vienen de largo. Desde décadas atrás españa ha estado ligada al rol de destino turístico bajo el lema «sol y playa», en conjunción con ciertos significados «exotizantes» de su cultura popular. En el año 1905 contaba ya con una Comisión Nacional del Turismo, adscrita al entonces ministerio de Fomento, aunque fue sin duda en la década de los 60, con el conocido eslogan «spain is different», cuando la autodenominada industria turística se convertiría en el principal motor socioeconómico, junto a una agricultura que a duras penas ha ido soportando los procesos de modernización, al sector de la construcción y, aun entonces, a las divisas de la emigración económica a países como alemania, suiza o Francia.

El hecho es que con cierta rapidez el turismo residencial se tornó en un fenómeno exuberante, seguramente debido a que instancias políticas, expertos en economía y turismo vieron en él potencial como motor de desarrollo y modernización6 para todo un conjunto de localidades con una economía agrícola parcialmente desactivada, fruto de la asignación de roles periféricos dentro de la socioeconomía nacional y europea. De forma muy llamativa, el turismo residencial se incardinó entonces con la inercia del boom inmobiliario que vivía la economía española, de lo cual surgieron toda una serie de macroproyectos residenciales vinculados a campos de golf, una urbanización vertiginosa o la proyección y construcción de aeropuertos y otras infraestructuras.

En el caso de la vertiente de interior del fenómeno, los turistas-residentes europeos decidieron asentarse en núcleos rurales, algunos prácticamente despoblados, adquiriendo para ello antiguas casas o cortijos a menudo abandonados. Muchos de estos inmuebles, así como los parajes en los que se situaban, presentaban algún valor patrimonial y paisajístico, aunque aquel no significara nada para las autoridades pertinentes, que nunca mostraron ningún interés en la cuestión, dejando que este emergente nicho de prácticas culturales se auto-organizara como un cuasi-mercado. En muchos casos los residentes europeos casi reconstruyeron estos inmuebles, contando con la colaboración de promotores y constructores locales, que elaboraron reconstrucciones realmente interesantes de su idea de lo «tradicional». Las reflexiones que toman forma aquí surgieron como una vía tangencial en la última fase de un proyecto de investigación, cuya orientación era en principio bien distinta.7 En esa etapa del proyecto comenzamos a apreciar una serie de cuestiones a las que hasta entonces sencillamente no habíamos prestado atención. Así, pues, la finalidad del texto es preguntarnos por el turismo residencial desde una óptica teórica diferente respecto a ciertas convenciones teóricas sobre el objeto, en el sentido de la contextualización y la interrelación del fenómeno con las realidades que lo circundan, desbordándolo y relacionándolo con aspectos y hechos del momento social actual, habitualmente excluidos en el recorte teórico, a saber: la inmigración económica, los procesos de ruralización, las políticas neoliberales preponderantes dentro de la Ue o la mencionada patrimonialización comercial de las culturas tradicionales.

Para ello es necesario establecer un diálogo crítico con una serie de premisas, compartidas en mayor o menor medida por el campo de estudios sobre el tema.8 Nuestras posiciones aquí diferirán de dichos aportes básicamente en dos cuestiones: primero la ausencia de un cuestionamiento histórico sobre la asignación a españa (los países mediterráneos en general) del rol de destino turístico, con todo lo que ello implica, además de la exotización cultural, es decir, la necesaria contextualización del turismo residencial en la realidad socio-histórica local, más allá de su tematización como global. Segundo con un carácter más general, la necesidad de relacionar estas experiencias europeas de multiculturalismo, movilidad y «creatividad cultural», con sus condiciones de posibilidad, esto es, las lógicas políticas que comandan el diseño y desenvolvimiento del espacio social europeo, de una especie de ciudadanía cosmopolita global, lo cual conectaría con una cuestión subyacente pero fundamental: la necesidad de poner en cuestión ciertas presunciones de corte psico-culturalista sobre el individuo y la subjetividad, por cierto muy propias de las sociedades contemporáneas, y que comienzan a ser aceptadas como una doxa9 también por una parte de las ciencias sociales (cc.ss.).

Teorías sobre el turismo residencial: más allá del factor tecnológico y los estilos de vida globales

De forma general, los estudios centrados en el turismo residencial conciben la figura del residente europeo como una modalidad de los estilos de vida transnacionales emergentes, propia de las sociedades postradicionales.10 El «ciudadano transnacional» representaría un paso más en la evolución del sujeto moderno, vehiculada en la expansión de la subjetividad, el aumento de su reflexividad y autonomía. Dicha manifestación epocal del sujeto moderno occidental, ahora en su nueva faceta de homo globalis, tendría su origen en la expansión y derrame, desde el s. XVIII, de las prácticas de viaje eurocéntricas practicadas por las elites de las metrópolis coloniales. Concretamente en el caso español no es difícil imaginar algún tipo de relación cuasi-genealógica entre los actuales turistas residenciales y diferentes antecedentes de viajeros, desde W. Irving a G. Brenan. Aunque como trataremos de mostrar, pensada en otros términos la cuestión no resulta tan sencilla.

Es indudable que el complejo articulado por la experiencia del viaje11 y el exotismo juega un papel clave en la constitución de lo que, no sin dificultades, suele denominarse «cultura occidental», más aún en manifestaciones como el turismo residencial. Ahora bien, nos parece que es importante cuestionar el carácter teleológico que deviene de ciertas concepciones culturalistas, que a menudo terminan por naturalizar y universalizar ideas puramente contemporáneas,12 que alejan el foco de las condiciones de posibilidad, oscureciendo las implicaciones presentes, muchos de los sentidos que entrañan o de los regímenes de diferencia que este tipo de fenómeno manifiesta y reproduce.13 Aunque pueda parecer una obviedad, enmarcar el turismo residencial en el haz de fenómenos ligados a lo que se denomina transnacionalidad y diasporismo, requiere de una modulación, en el sentido de que es un fenómeno que se produce bajo unos márgenes de decisión y de condiciones de vida muy concretos (ver Rodríguez, 2008: 25).

Fundamentalmente a la hora de delimitar su objeto de estudio, las teorías sobre el turismo residencial suelen incidir especialmente en dos grandes transformaciones sociales que demarcarían su génesis. Por una parte lo que podríamos denominar «factor tecnológico», esto es, la importancia que en la conformación de una incipiente «sociedad global» habrían tenido los desarrollos en tecnologías de la comunicación (internet, telefonía móvil, mass media), junto con el desenvolvimiento de toda una red intensificada de medios de transporte (trenes, autovías, pequeños aeropuertos y aerolíneas de bajo coste). En síntesis el «factor tecnológico» vincularía el cambio en el régimen de la subjetividad con la dislocación de tiempo y espacio, de la que habría nacido un mundo mucho más reducido e interconectado. Por otra, la segunda gran transformación, quizá algo más difusa, pero igualmente central en este tipo de secuencia argumental teórica, sería la redefinición del estado nación, de sus fronteras simbólicas y materiales, así como de sus asunciones identitarias.14 En el caso del turismo residencial en españa, es uno de los aspectos que deben tenerse muy en cuenta, pues marca ciertas particularidades definitorias del engarce con el proceso de construcción de una «identidad europea».15

Curiosamente pese a provenir mayoritariamente del campo sociológico, en las teorizaciones sobre el turismo residencial prima lo que podría definirse como una concepción «culturalista» de la globalización, que viene a enfatizar un aspecto discutible del heterogéneo conjunto de realidades a las que da cabida dicha noción. Esto es, todo lo que tenga que ver con un marco global desenraizado significaría un mayor margen de libertad de elección y de creatividad para los sujetos individuales y colectivos para conformar sus identidades. En algún caso este énfasis en la libertad y la creatividad ha sido criticado con dureza (puede verse Friedman, 2002), básicamente por eludir lo que sería una «economía» (material y simbólica) de las lógicas globales de la cultura.

En este sentido resulta interesante señalar dos transformaciones en el fenómeno, que pueden servir para apuntar ciertas inconsistencias en las fórmulas mayoritarias de análisis. La primera de estas tiene que ver con el patrón sociológico del turista residente: como viene mostrándose en distintos estudios (y sucede también en el caso de los turistas residentes de interior), ya hace tiempo que el turismo residencial desbordó los límites de lo que podría entenderse como «turismo de elite». Lo que predomina actualmente son personas en edad de jubilación, que por sus ocupaciones (profesionales liberales, funcionarios...) podrían encuadrarse en la problemática categoría de las clases medias (véase, por ejemplo, Rodes, 2008: 103). También es significativo que comienza a detectarse un reducido número de jóvenes que decide buscar aquí sus oportunidades de empleo, justamente al calor del crecimiento de las comunidades de compatriotas residentes. Esta cuestión es más interesante de lo que parece, ya que conecta la «modelación» de patrones de un colectivo más o menos definido con un aspecto analítico fundamental, las motivaciones y aspiraciones de este tipo de individuos.16 Sin embargo lo más interesante de estas representaciones del fenómeno es precisamente lo que no pueden mostrar, qué tipo de malestar o de deseo mediados socialmente hay tras aquello que «tabulamos» como algo asociado a la búsqueda de una mayor calidad de vida. En el caso de los estudios que han abordado el fenómeno desde un enfoque etnográfico, la interpretación es sin duda más heterogénea y perturbadora, en el sentido de que ya no es tan fácil limitarse a reproducir ciertos estereotipos de resonancias conductistas, dentro de los cuales, el residente se limitaría a tomar decisiones buscando maximizar su bienestar.

La otra inconsistencia que mencionábamos guarda relación con un aspecto más estructural17 del fenómeno. Para los estudios más recientes sobre el turismo residencial, comienza a ser de interés el décalage entre la promoción de este tipo de movilidad por parte de Instituciones estatales y regionales, y los problemas que esta población genera en base a sus estrategias de cara a mantenerse «contabilizados» aquí o allá, pues de ello depende el acceso a servicios o coberturas públicas.

Seguramente el llamado «turismo sanitario» (Hurtado, 2008: 171-210) sintetiza bastante bien esta cuestión, pese a haber articulado distintas modalidades compensatorias (Programa Europe for Patients, tarjeta sanitaria europea...), el «problema» del acceso sanitario de los turistas residentes sigue persistiendo, o al menos, apareciendo periódicamente en prensa nacional estratégicamente asociado a la inmigración económica, dando a entender que las carencias del sistema sanitario nacional provendrían del abuso por parte de los foráneos, algo sin duda discutible (ver navarro, 2007: 67; o Rico Becerra, 2009). El hecho es que muchos de estos residentes a menudo prefieren no advertir a las autoridades que su estancia supera los tres meses estipulados debido al cambio de estatus legal que conllevaría trasladar aquí sus derechos asistenciales adquiridos, de manera que así mantienen estos en origen, mientras aquí acceden a la atención sanitaria de manera «invisible» (Fernández-Rufete et al., 2007).

Estos recientes elementos de cambio muestran la profundización en el conocimiento del fenómeno, así como el aumento de la complejidad en las premisas de análisis, aunque también pueden considerarse grietas que señalan ciertas tensiones estructurales no percibidas. Ambas cuestiones, la diversificación de perfil del turista residente y las fricciones que supone el gobierno local de dicha realidad, nos informan de una serie de matices que deberían tenerse en cuenta.

Una perspectiva alternativa: el turismo como tecnología de gobierno global (implicaciones desde el manejo de las subjetividades)

Puede decirse que las principales críticas posibles frente al conjunto de propuestas generalizadas sobre el turismo residencial guardan relación con el modo en el que enfocan su dimensión política. En ese sentido, si bien algunos de los aspectos que trataremos de señalar en nuestra reflexión guardan relación con una visión más o menos ortodoxa de lo que podría considerarse una «economía política» del turismo residencial, otros por el contrario —quizás los más importantes— presentan implicaciones mucho más profundas, incardinándose en la raíz misma de ciertos dilemas contemporáneos de la praxis científica en torno al ser humano, en el vínculo entre verdad, poder y subjetividad.18

La principal fricción entre el punto de vista que exploramos aquí y el predominante en los análisis sobre el turismo residencial se sitúa en las relaciones entre subjetividad y la sucesión de determinadas condiciones histórico-sociales. Dentro de los análisis sobre el turismo residencial resultan fundamentales los aportes de a. Giddens, que en su reflexión sobre la génesis del sujeto en las sociedades actuales (1997) plantea que al verse alterado por el quiebre de los lazos y de los mecanismos de integración propios de las comunidades tradicionales, el yo habría pasado a constituirse como un proyecto reflexivo, que debe ser construido en pos de vincularse con el cambio, y que se ofrece como una respuesta en tiempos de incertidumbre. Así los cambios contemporáneos en la constitución del yo vendrían marcados por las transformaciones en las formas de organizar socialmente las relaciones espacio/tiempo: en un mundo «globalizado» simultaneidad temporal y co-presencia espacial se habrían «desanclado». En este contexto, los «estilos de vida» jugarían un papel clave a la hora de armonizar opciones, de incluirlas en una lógica de construcción identitaria en la cual, una supuesta interioridad de orden psicológico19 contaría con un enorme peso específico.

Sin embargo desde una óptica posestructuralista, tanto la delimitación misma de lo que se entiende por subjetividad, sujeto, identidad, como sus relaciones de causalidad o las funciones que los relacionan con las condiciones sociales circundantes resultan radicalmente distintas. No se trata obviamente, como a menudo apuntan algunos tópicos, de que el sujeto deje de existir bajo el peso aplastante de las «explicaciones estructurales», sino más bien de que los modelos estructurales de explicación comenzaron a incluir en sus desarrollos al sujeto.

Dentro de esta tendencia el sociólogo anglofoucaultiano nikolas Rose20 (1999: 5-6) propone una posición alternativa a las llamadas nuevas sociologías, a saber, la relación entre las transformaciones en las modalidades de sujeto y los cambios sociales no concierne a una cuestión ontológica, sino tecnológica. Rose dirige su análisis justo al centro argumental de las narrativas teóricas sobre «el sujeto en la modernidad reflexiva»: no sería la experiencia la que produce tecnologías (o, mejor, esto sucede de manera diferida dentro de procesos históricos) sino al revés.21 Lo cual respecto a nuestro objeto de reflexión quiere decir que el turismo residencial podría entenderse como un cierto tipo de tecnología social,22 que estaría sirviendo como soporte para el ensamblaje y la reproducción actualizada de ciertos enmarques y concepciones ordenadoras sobre la experiencia social de individuos y colectivos. O lo que es lo mismo, el turismo residencial es interesante como fenómeno contemporáneo, en cuanto su análisis puede iluminar ciertas lógicas relativas al modo en que determinado tipo de personas gobiernan23 sus vidas.

El primer aspecto positivo al adoptar esta óptica es que parece alejarnos de una concepción trascendentalizada de la subjetividad, para aproximarnos a otra pluralizada y situada socio- históricamente,24 de forma que nos permite apreciar las condiciones y medios necesarios para que la realidad sea tal y como es, y no de otro modo. No se trata solo de tener en cuenta los deseos, pasiones y afectividades de los individuos que encarnan los distintos sujetos sociales, sino sobre todo de captar los proyectos (todos políticos por estar mediados por lógicas sociales, Ideológicas, morales o económicas) que los atraviesan configurándolos, al tiempo que constituyéndolos como ámbitos de problematización e intervención (científica, gubernamental o ética). El hecho es que las concepciones de corte foucaultiano llaman la atención sobre la importancia de considerar las singularidades históricas de cada modalidad de subjetividad que se analiza, y de hacerlo no tomándolas como características meramente contextuales, sino como aspectos constituyentes.

No sin razón algunas reflexiones recientes sobre el turismo residencial, que incluyen la fracción «de interior» del fenómeno, parten del tropo de que los actores embarcados en estas experiencias de movilidad no pueden considerarse exactamente ni turistas ni migrantes (véase Rodes, 2011; García Jiménez y Schriewer, 2008). Seguramente esto se debe a que su singularidad como fenómeno guarda relación con la emergencia de toda una panoplia de formas de vida, sujetos, problemáticas y salidas, ensamblados en términos «globales».25 Estos emergentes regímenes globales de vida pueden verse como un conjunto de manifestaciones concretas del telos postcapitalista, planos de consistencia, de articulación mediada tecnológicamente entre dimensiones éticas y políticas. Ahora, lo realmente interesante aquí es que visto de este modo, digamos que rascando debajo del tropo de «ni turistas ni migrantes», es posible observar el fenómeno en términos de diferencia, atendiendo a su heterogeneidad interna.

Pensemos en el contraste entre el residente asentado hace tiempo en poblaciones del levante valenciano o en la costa del sol; los visitantes más o menos periódicos de los resorts ligados al golf también en zonas cercanas a las costas levantinas; o los residentes de zonas de interior, con sus proyectos de vida rural en poblaciones hasta hace poco «vírgenes». Y todo ello mientras que al menos consideramos la posibilidad de establecer analogías y comparaciones desnaturalizadoras con otros tipos de experiencia migratoria, aparentemente inconexos para una buena parte de las cc.ss., es decir, con los grupos de ecuatorianos, bolivianos, senegaleses o marroquíes que trabajan y viven en las mismas zonas donde se asientan los turistas residentes, pero cuya realidad suele quedar dentro de un campo de intereses, análisis y discusiones supuestamente muy alejados.

Seguramente, una de las nociones que en la actualidad juega un papel central a la hora de articular racionalidades políticas y consideraciones éticas es la de libertad.26 Está claro que en la comparación que deslizábamos entre inmigrantes y turistas residentes, la idea de libertad que movilizan, y en torno a la cual se articulan proyectos de vida y formas de experiencia tan dispares, es radicalmente distinta. Si bien su legitimidad parte de unos fundamentos ético-polí supuestamente comunes y universales, lo que no parece tan claro es que las distintas trayectorias, experiencias y motivaciones que convergen bajo la etiqueta teórica de turismo residencial presenten una homogeneidad mucho mayor, al margen de que todas pueden explicarse invocando la búsqueda «libre» de una vida mejor.27 Otra cosa bien distinta es que como investigadores nos sintamos más legitimados para cuestionar o interpelar los argumentos, motivaciones y decisiones de los actores con los que trabajamos, cuando estos pertenecen a sectores más desfavorecidos, que cuando la posición social se asemeja relativamente a la nuestra.28

Posiblemente proponerse abordar desde un enfoque crítico un fenómeno como el turismo residencial, con las connotaciones de «bienestar» que atesora puede parecer algo paradójico, incluso superficial. Pero realmente si repasamos los análisis sobre las configuraciones sociales que emergen de los procesos de globalización del capitalismo postindustrial, no es difícil comprobar que el sujeto y sus «decisiones libres», se hallan en el centro mismo de la mayoría de programas políticos. Efectivamente dentro de las gubernamentalidades neoliberales,29 articuladas originariamente en el núcleo anglosajón de las potencias internacionales, y extendidas después como una doxa global30 sobre el gobierno de la sociedad por todo un haz de instituciones, discursos y actores de distinto tipo y alcance, el sujeto es a la vez el fin y el medio de un doble tipo de estrategias. De una parte los llamados a la superación, el autoconocimiento y la experiencia articulada a través de todos los medios posibles, fundamentalmente desde modalidades de consumo cultural incrustadas en estilos de vida. Y de otra, los llamados a la responsabilización sobre la propia realidad personal, situación laboral, niveles de salud e incluso sobre la sostenibilidad ecológica del propio modo de vida.31

Esta focalización en el individuo, en el yo responsable y reflexivo, junto con su «par político» la comunidad (de marinis, Gatti e Irazutza, 2010), puede verse como la manifestación de una serie de profundos procesos de reconformación en los discursos legitimados y legitimadores de la reflexión y la intervención sobre la sociedad.

Así cuando Rose (1997: 31 ss.; también 1996) delinea las bases de lo que el círculo anglofoucaultiano denominará gubernamentalidad de las sociedades liberales avanzadas,32 aísla una serie de transformaciones fundamentales respecto de los modelos welfaristas previos. Básicamente dos son los axiomas que pueden extraerse de dicha programática de cara a repensar el turismo residencial como tecnología social contemporánea. En primer lugar Rose está tratando de impugnar la idea central de las sociologías de la modernidad reflexiva, esto es, que la reflexividad sería la particularidad definitoria del «lazo social» contemporáneo. Para ello defiende que la reflexividad está inscrita con importancia central ya en las tecnologías políticas del liberalismo clásico, en la propia idea de que cierto tipo de individuo/ciudadano debe reflexionar continuamente sobre los límites de la acción de gobierno. No se trata de que la «construcción» del individuo moderno como agente activo de su propio destino sea en cierto modo una invención de los regímenes políticos recientes, sino de una invención que en muchos sentidos funciona como un a priori, que a menudo oculta nuevas formas de problematizar y gobernar la experiencia social del individuo.

En segundo lugar, al igual que la mayoría de modelos teóricos actuales en ciencias sociales, el propuesto por Rose asume que las sociedades contemporáneas están sujetas a un proceso de mutación que afectaría, tanto la propia definición de lo social, como las formas legítimas de conocer y afirmar verdades sobre ello. En nuestro caso, y pese a la existencia de algunas diferencias sustantivas, parece muy interesante como característica capital el paso desde sociedades constituidas en torno a la idea de seguridad social, hacia la promoción de la inseguridad social.33 Una inseguridad algo distinta de la invocada a menudo en las sociologías del riesgo, puede que tal vez más inmediata y cotidiana, relacionada con la desregulación de las relaciones laborales, la atomización y retraimiento de los programas de asistencia social, los fantasmas de la inseguridad física en las ciudades debido a la criminalidad, etc.

Turismo residencial, territorios y poblaciones «de interior»: algunas líneas de fuga

A modo de cierre, nos gustaría recuperar la disquisición del inicio en torno al sentido de la comparación del turista residente actual con el antecedente representado por la imagen de los viajeros románticos. Interpretada desde el sudeste peninsular español, resulta difícil no pensar en otros sentidos distintos para dicha comparación y para los procesos que invoca. Si hay una constante en la relación de las poblaciones y territorios del sudeste peninsular con los proyectos ilustrados, modernizadores y desarrollistas, esa es que estos casi siempre han velado, codificado y vehiculado lógicas, intereses y presupuestos alejados de las formas locales de vida, de su propia historia y significados comunes. Casi inevitablemente esos sujetos icónicos de la otredad, que van del romántico viajero al turista residente británico actual, pasando por las arquetípicas suecas del turismo de sol y playa, han emergido y tomado forma bajo la legitimación de proyectos modernizadores para dichas zonas. Procesos que, y esta será otra constante, han fracasado reiteradamente, al menos en lo que eran sus objetivos explícitos. En cierta forma, pensando en el significado histórico que ha desempeñado el turismo en españa, al igual que en otros países mediterráneos, puede decirse que como tecnología social ya adelantaba algunas de las potencialidades de lo que sería la llamada «sociedad global» de algunas décadas después.

Por su parte el turismo residencial de interior podría verse como una mutación, una conformación emergente y hoy fallida del fenómeno en los últimos años. Al constituirse fuera de las grandes zonas turísticas costeras, claramente saturadas, también al margen de los grandes resorts de ocio, esta mutación presenta como características definitorias su flexibilidad y atomización, desarrollándose desde abajo, por más que las condiciones que permiten su existencia no sean en absoluto algo casual ni espontáneo. Paradójicamente esta actualización del fenómeno turístico ha venido desarrollarse sobre unos territorios y unas poblaciones que acumulannaturales experiencias históricas de exclusión, frontera y migración, dentro de dispositivos biopolíticos34 (Rabinow & Rose, 2007) como explotaciones mineras, diferentes proyectos de modernización agraria o migraciones hacia núcleos urbanos.

Hoy tras varias décadas de políticas nacionales y europeas de subvención a la producción agrícola, estas zonas se encuentran inmersas en procesos de ruralización. Una vez que estas poblaciones se encuentran ya «fijadas» a sus territorios, quedando supuestamente solventado el potencial «problema» de la despoblación rural, se pasa a subvencionar «lo rural» entendido como un paisaje cultural en el que la población local tendrá que buscar, a través de sus agrupaciones locales de desarrollo y de la innovación empresarial, convertirse en managers de sus propios recursos (naturales, culturales), centrándose en competir con otras poblaciones, comarcas, regiones, lo cual, volviendo a nuestro objeto de reflexión, nos lleva hacia la necesidad de un pequeño paréntesis que sirva para plantearnos el significado de algunas omisiones y olvidos en las formas más convencionales de dimensionar el turismo residencial como objeto teórico.

Un vistazo a la literatura científico-social sobre el turismo residencial arroja ciertos puntos muertos, componentes que son obviados pareciendo quedar siempre fuera de la instantánea. Al margen de alguno que ya ha sido apuntado, pensamos ahora en la omisión de las poblaciones y la historia local, hecho que da a entender un cierto influjo de colonialidad.35 Colonialidad en la forma como estas teorías delimitan su objeto, naturalizando concepciones sobre la modernidad y el progreso (incumplidos en estas zonas) que objetivan y legitiman unas racionalidades políticas que subalternizan a la población local y sus formas de vida, convirtiéndolos hoy en meros sujetos/objetos de consumo. Colonialidad en la elusión de algún tipo de relato histórico sobre las zonas receptoras de dicho turismo residencial, como zonas sujetas a continuos experimentos políticos y económicos, verdaderos laboratorios de modernidad (mezzadra, 2008: 19), en los que a su vez se han sucedido también distintos regímenes biopolíticos, todos ellos casi siempre sustentados en intereses alejados de la realidad local. No es frecuente encontrar, en los discursos expertos sobre el turismo en zonas de interior como murcia, Granada o almería, referencia alguna a su historia como zonas endémicamente empobrecidas, sobre los enclaves mineros explotados por compañías inglesas o francesas, entre los cuales la población local se movía cíclicamente como mano de obra; sobre las locaciones cinematográficas destinadas a los westerns italo-americanos, en los que estas zonas actuaron como decorados y figurantes; o sobre las actuales dinámicas de mercantilización de la cultura local, redefinida y reificada como un recurso económico.

A la postre es de suponer que todos estos distintos dispositivos ya abandonados: enclaves mineros, reproducciones de pueblos del far west, e incluso centros de interpretación y pequeños museos locales, formarán parte de las fantasmagóricas marcas dejadas por los sucesivos procesos de conformación del territorio, de movilización de las poblaciones, en definitiva, de agenciamiento de la realidad local. Y por cierto, es importante añadir que tampoco es común que dichos fragmentos de experiencia histórica colectiva sean vistos como patrimonializables, o cuando es así, estos aparecen recortados, descontextualizados, reproduciendo una distancia insalvable con la verdadera experiencia de las gentes que vivenciaron dichos procesos (cobo de Guzmán, 2010; Palacios y Rico, 2010; Fernández de Rota, 2010).

En definitiva, el turismo residencial de interior, que puede verse como parte del «nuevo idilio rural» (Benson y o´Reilly, 2009), de la vuelta de las clases medias urbanas a un campo en urbanización, puede interpretarse también como parte de un proceso de «huida» de estas clases medias de la inseguridad social de sus contextos de origen, especialmente del fantasma del desclasamiento en la senectud, visto tal vez como la pérdida de la oportunidad de vivir una vida como jubilados bajo unos principios que habían interiorizado como naturales, pero que ahora parecen tambalearse. Como prueba de ello podemos apuntar el papel central que en el proyecto de vida de los turistas residentes de interior juega la adquisición y restauración de una vivienda36 (puede verse Krit, 2001: 193-ss; 2010). Además en este caso, la adquisición de una vivienda guarda relación con la experiencia integral de participar activamente en la rehabilitación, e incluso con la puesta en marcha de algún tipo de cultivo o de «proyecto personal» de carácter similar.37 En la actualidad este fenómeno del turismo residencial de interior parece estar evaporándose, desapareciendo del mismo silencioso modo del que emergió. Desafortunadamente no se ha indagado en profundidad en las expectativas y resultados de la decisión de estos ciudadanos europeos de asentarse en estas zonas, tampoco en los motivos de la decisión de marcharse. Hubiera sido interesante profundizar en sus narrativas, analizar sus redes de amistad y solidaridad con la población local. Sin duda se trata de un fenómeno rico y complejo, pese a representar una pequeña fracción dentro del enorme conjunto de realidades que contiene la etiqueta turismo. Evidentemente esta fracción se opone, contesta otro tipo de prácticas, ligadas al consumo superficial o nulo de la realidad local, propias de las variantes de masas. Pero al mismo tiempo es innegable que en sus aspectos estructurales y significados profundos el turismo residencial, y también algunos de los discursos científico-sociales articulados sobre él, reproducen (readaptándolas) de manera tácita, ciertas lógicas que históricamente están presentes desde los orígenes de este tipo de práctica.


Pie de página

5e forma general en el desarrollo del texto hemos optado por referirnos al fenómeno en cuestión como turismo residencial, si bien dicha denominación precisa de aclaración previa, ya que no es del todo homogénea. Así, mientras los científicos sociales de países receptores como España utilizan dicha acepción, centrándose a menudo en los efectos de estos procesos sobre la economía, el territorio, el paisaje o las culturas locales (Jurdao, 1991; críticas más recientes pueden verse en la línea de Aledo Tur, 2008). Los científicos de países «emisores» suelen preferir el término «migración internacional de retiro», centrándose en mayor medida en los perfiles sociodemográficos de quienes optan por estas nuevas formas de vida (ver King et al., 2000). De manera más reciente los discursos teóricos comienzan a confluir en cierta medida, bajo un interés teórico más general por lo que se denomina como «estilos de vida migratorios» (O'Reilly y Benson, 2009).
6Rodes (2008: 96) cita en este sentido el Plan Estratégico de Desarrollo de la Comunidad Autónoma de Murcia.
7El proyecto «Sociedad multicultural: ciudadanos comunitarios y no comunitarios en municipios de interior» (2009-2010) financiado por la Fundación Séneca (Agencia Regional de Ciencia y Tecnología de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia) tuvo como antecedente otro proyecto denominado «Comunicación intercultural y conciencia europea. La convivencia entre diferentes nacionalidades en los centros de la inmigración norte europea en el levante español» (2004-2006), financiado por la misma agencia y conducido por un equipo parcialmente distinto.
8Pese a la «polisemia» categorial que referíamos al inicio, nos parece que en buena medida el campo de elaboración teórica en torno al turismo residencial/migración internacional de retiro presenta ciertas lógicas teóricas comunes, especialmente en lo que se refiere a la delimitación y el alcance de ciertos aspectos que tendrían que ver con la dimensión política del fenómeno entendido como modo de vida emergente, así como en todo un background de premisas teóricas que conectan con la cuestión de la subjetividad y el sujeto, cuestión sobre la que se centra mucha de nuestra atención aquí. Aunque es cierto que este campo de producción teórica presenta ciertos vacíos llamativos respecto a la consideración de determinados aspectos y posibles ópticas de corte estructural, esto ha comenzado a cambiar. Algunas investigaciones empiezan a dar cabida a los factores locales y estructurales que condicionan a los actores que «protagonizan» el fenómeno, prestándole así mayor atención a sus sistemas de prácticas cotidianas (ver O´Reilly, 2012) y sus marcos de visión, o a sus estrategias particulares para habitar estos espacios sociales transnacionales (Rodes, 2011).
9La doxa vendría a ser una especie de creencia espontánea u opinión que naturaliza ciertos presupuestos o preconocimientos sobre la realidad, como por ejemplo serían ciertas violencias simbólicas. El trabajo de P. Bourdieu sobre esta noción encaja en su intento por complejizar, desde un sentido práctico y no necesaria ni totalmente consciente, el concepto de ideología (puede verse Eagleton & Bourdieu, 2003: 295-308).
10Al utilizar el término postradicional llamamos la atención sobre la influencia que en la definición teórica del complejo migraciones de retiro/turismo residencial, han jugado las llamadas sociologías de la modernidad reflexiva (Beck; Giddens y Lash, 1997), en las que obviamente destacan los trabajos de A. Giddens (1995) sobre la expansión y plasticidad de la subjetividad. De igual manera, pero en menor medida podrían citarse también los aportes de U. Beck (1998) en torno a la cuestión del riesgo, o los de Z. Bauman (2002) sobre lo que ha denominado modernidad líquida.
11En su rastreo de las transformaciones del sujeto moderno y de sus disposiciones identitarias, Bauman propone una curiosa «genealogía» que transita del peregrino al turista: «La oposición "aquí no soy más que un visitante, allí está mi hogar" sigue siendo tan definida como antes, pero no es fácil señalar dónde está el "allí". El "allí" se despoja cada vez más de todos los rasgos materiales; el "hogar" que contiene ni siquiera es imaginario (cualquier imagen mental sería demasiado específica, demasiado restrictiva), sino postulado; lo que se postula es tener un hogar, no un edificio, una calle, un paisaje o una compañía de personas en particular» (Bauman, 2003: 60-61).
12Restrepo (2008: 113-114 ss.) señala en el trabajo del filósofo M. Foucault dos estrategias interesantes: por una parte en la eventualización de los procesos históricos para evitar las continuidades históricas, los universales antropológicos y las explicaciones trascendentalistas. Por otra la problematización, como estrategia frente a determinados «problemas» que aparecen como objetos del pensamiento, plasmándose en programas o tecnologías de gobierno concretas.
13En Itinerarios transculturales, J. Clifford reflexiona sobre el carácter polisémico de las prácticas occidentales de viaje: « [...] Los conceptos comparativos —términos de traducción— son aproximaciones que privilegian ciertos "originales" y que están pensados para audiencias específicas. [...] Mi uso dilatado del término "viaje" avanza hasta cierta distancia y luego se desarma en experiencias yuxtapuestas y no equivalentes, a las que aludo utilizando otros términos de traducción: "diáspora", "frontera", "inmigración", "migración", "turismo", "peregrinación", "exilio"» (Clifford, 1999: 23).
14Pensamos en un heterogéneo conjunto que viene a llamar la atención sobre los componentes impuros, híbridos e incluso imaginarios de las identidades culturales, en especial de las nacionales. En este conjunto encontraríamos posiciones tan diversas como las de los postcolonialistas indios (Gupta y Ferguson, 2009), el conocido ensayo de B. Anderson (1993), algunos teóricos de la globalización (Appadurai, 2001), o el reciente ensayo de síntesis teórica de Burke (2010).
15Concretamente puede verse el trabajo de K. Schriewer (2008: 73 ss.), que reflexiona sobre las prácticas que estarían sirviendo de base constitutiva para una hipotética «identidad política europea».
16Resulta muy interesante este fragmento del trabajo de K. O'Reilly, una socióloga que abordó etnográficamente el turismo residencial británico en la Costa del Sol: «Muchos de estos migrantes tenían trabajos mal pagados en el Reino Unido o estaban desempleados o eran empresarios en dificultades. Describen su traslado como una forma de escape —de trabajos estresantes o de la amenaza del desempleo— que incluye también huir de altas tasas de criminalidad, zonas deprimidas de las ciudades o barrios que incluye también huir de altas tasas de criminalidad, zonas deprimidas de las ciudades o barrios peligrosos. Se preocupan por el futuro de sus hijos y desean darles una perspectiva mejor en la vida, o les preocupa enormemente el nivel de bienestar de su jubilación que asoma en el horizonte. Albergan dudas sobre el valor real de las pensiones en el Reino Unido o el poder contar con prestaciones por enfermedad o desempleo en tiempos de dificultades, y esperan poder conseguir una mejor calidad de vida por menos dinero en España. Usan expresiones como «salir de la trampa», «escapar», o «comenzar de nuevo»» (O´Reilly, 2008: 56). Curiosamente esa misma expresión, «La trampa», es el título que llevó una serie de tres documentales producidos en 2007 por la BBC, bajo la dirección de Adam Curtis, en los que se analizan los fundamentos políticos, económicos y psicológicos del modelo de gobierno neoliberal.
17Aunque es cierto que en general este campo de producción teórica guarda ciertos vacíos llamativos respecto a la consideración de determinados aspectos y posibles ópticas de corte estructural, esto ha comenzado a cambiar recientemente. Algunas investigaciones comienzan a dar cabida a los factores locales y estructurales que condicionan a los actores que «protagonizan» el fenómeno, prestándole así mayor atención a sus sistemas de prácticas cotidianas (ver O´Reilly, 2012) y sus marcos de visión, o a sus estrategias particulares para habitar estos espacios sociales transnacionales (Rodes, 2011).
18Pese a no ser el único protagonista del «giro» en la década de los 70 hacia un modo distinto de abordar las formas socio-históricas de objetivación que vendrían a determinar lo que entendemos por «realidad», las cuales bajo este nuevo prisma pasaron a entenderse como cuestiones esencialmente políticas. El trabajo del filósofo francés M. Foucault es uno de los más sugerentes en esta línea: "Foucault enabled us to see different kinds of relations between truth and power, in which power was a matter of the production of truth, and truth was itself a thing of this world, intrinsically bound to apparatuses like the prison, the hospital, the school and the clinic for its production and circulation. And he enabled us to visualize different kinds of relations between practices that sought to know and manage human individuals and the emergence of conceptions of ourselves as subjects with certain capacities, rights and a human nature that can ground all sorts of demands for recognition. This was not achieved by an exercise in philosophy or social theory of the traditional sort, but by a kind of 'field work in philosophy' —that is to say, by a meticulous investigation of particular practices, technologies, sites where power was articulated on bodies, where knowledge of human individuals became possible, and where souls were produced, reformed, and even, sometimes 'liberated'. In inventing the tools and the insights that made these relations visible, the very words themselves which are now so familiar —truth, knowledge, power, technology, discourse, practice— were given a new sense and made to do conceptual work that they had not done —that had not been done— before" (Rabinow & Rose, 2003: 3).
19Tal y como señala G. Deleuze (1987: 129), cuando Foucault volvió su atención hacia «los modos en que los hombres se construyen como sujetos morales de sus acciones», estaba impugnando una serie de consideraciones sobre la subjetividad propias de la «cultura occidental», que la conciben como algún tipo de «interioridad» inaprensible, constante, natural. Concepciones que por otra parte han sido «sacralizadas» por buena parte de la filosofía occidental primero, y después naturalizadas y legitimadas «empíricamente» por las llamadas ciencias «psi» (Foucault, 2002: 29). Por el contrario, el entendimiento de esto por parte de Foucault, y de otros autores como Spinoza, Nietzsche, Lacan o Deleuze se aleja de esta enunciación para incidir en la configuración de lo «interno» como un pliegue de las condiciones externas.
20El trabajo de Rose parte del círculo angloparlante de sociólogos e historiadores sociales reunidos en torno a la noción foucaultiana de gubernamentalidad (De Marinis, 1999).
21«Estos análisis consideran los cambios en los modos en que los hombres se comprenden y actúan sobre sí mismos como el resultado de acontecimientos históricos más fundamentales situados en otra parte: en los regímenes de producción, el cambio tecnológico, las modificaciones de la demografía o las formas familiares, la cultura. [...] Pero por significativos que sean, es importante insistir en que esos cambios no transforman los modos de ser humanos en virtud de alguna experiencia que producen. [...] Los dispositivos de producción de significado —grillas de visualización, vocabularios, normas y sistemas de juicio— producen experiencia; no son producidos por ella. Estas técnicas intelectuales no se presentan listas para usar, es preciso inventarlas, refinarlas y estabilizarlas, diseminarlas e implantarlas de diferentes maneras en diferentes prácticas: escuelas, familias, calles, lugares de trabajo, tribunales» (Rose, 2003: 218-219).
22"Technologies of government are those technologies imbued with aspirations for the shaping of conduct in the hope of producing certain desired effects and averting certain undesired events. I term these human technologies in that, with these assemblages, it is human capacities that are to be understood and acted upon by technical means. A technology of government, then, is an assemblage of forms of practical knowledge, with modes of perception, practices of calculation, vocabularies, types of authority, forms of judgment, architectural forms, human capacities, non-human objects and devices, inscription techniques and so forth, traversed and transected by aspirations to achieve certain outcomes in terms of the conduct of the governed (which also requires certain forms of conduct on the part of those who would govern. These assemblages are heterogeneous, made up of a diversity of objects and relations linked up through connections and relays of different types. They have no essence. And they are never simply a realization of a program, strategy or intention: whilst the will to govern traverses them, they are not simply realizations of any simple will" (Rose, 1999: 52).
23Dicha noción es la clave de toda una reelaboración del trabajo teórico de Foucault sobre el poder (puede verse Vázquez, 2005a), ya que le permite apreciar la existencia de mecanismos reguladores (no necesariamente extractivos o represivos) aplicados sobre las «poblaciones». En este punto Foucault habría comenzado a intuir que el poder no sólo funcionaría objetivando desde la fuerza, sino también subjetivando, desde la estimulación de la voluntad de los individuos. Ahí aparece la noción de gobierno entendida como «conducción de conductas», que establece una relación entre gobierno y libertad no ya antagónica, sino una agonística. Así al interesarse por lo que llamará «tecnologías del yo» (Foucault, 2000), distinguirá entre técnicas hetero-formativas y auto-formativas, dando lugar a una cierta confusión alrededor de la noción subjectification (puede verse a Butler, 2001: 96).
24Un magnífico ejemplo en esta misma línea puede encontrarse en el trabajo de R. Espósito sobre la noción occidental de persona y su historización como dispositivo jurídico escindiente, o en el análisis histórico cultural de Hunt (2009) sobre la génesis social de los discursos sobre la autonomía personal, la empatía o los derechos en la literatura del s. XVIII.
25Nos parece adecuada aquí la noción de «regímenes globales de vida», que enunciada por la antropología norteamericana propone abordar la reflexión sobre la extensión global de los regimenes neoliberales de gobierno como «ensamblajes globales»: "Regimes of living, as we have noted, are situated configurations of normative, technical and political elements that are brought into alignment in problematic or uncertain situations. A given regime provides one possible means, and always only one among various possible means, for organizing, reasoning about, and living 'ethically' -that is, with respect to a specific understanding of the good". (Collier & Lakoff, 2004: 31).
26Muchos autores (Rose, 1998; Vázquez, 2005b) han señalado la intrincada relación entre la extensión de las racionalidades neoliberales de gobierno y la profusión de determinados desarrollos de las ciencias psi, abarcando además la democratización de estos sistemas expertos a través de desarrollos como la autoayuda o el coaching. Puede decirse que el turismo residencial presenta ciertos vínculos con lo que serían «fórmulas para una buena vida», hasta el punto de que sería muy interesante poder ahondar, mediante abordajes biográficos, en narrativas donde emergen motivaciones como el clima, la salud o el proyecto personal de vida, para por ejemplo apreciar los nexos con discursos de corte terapéutico.
27Se trataría, pues, de relativizar las actualmente extendidas loas sobre la expansión de la libertad y la creatividad individual en las sociedades contemporáneas, des-psicologizando al tiempo que re-politizando dicha idea, sus costes y reversos (Ong, 2006: 230): "This recognition of freedom as a set of practices, devices, relations of self to self and self to others, of freedom as always practical, technical, contested, involving relations of subordina<tion and privilege, opens freedom itself to historical analysis and criticism [...] The fact that freedom its technical, infused with relations of power, entails specific modes of subjectification and is necessarily a thing of this world sullied by the marks of the mundane [...]" (Rose, 1999: 94).
28Hace ya tiempo que los análisis sobre las situaciones de marginalidad, dieron el paso de romper con un cierto «buenismo» que impedía cuestionar críticamente las decisiones y acciones de los actores implicados, por miedo a minimizar el impacto de las condiciones sociales que producen dicha marginalidad (pueden verse Scheper-Hughes, 1999; Bourgois, 1995). Sin embargo esto aún no es muy común cuando se trata de segmentos occidentales de clase media y alta, en estos casos todo el peso del contexto económico, social y político, queda a menudo minimizado bajo asunciones de carácter psicologizante.
29Ya en sus últimos cursos en el Collège de France, Foucault (2003; 2006; 2007) comenzó a interesarse, primero por el liberalismo clásico, y después, por el llamado neoliberalismo. Estas reflexiones desde el contexto postsesentayochista dan pie a algunas de sus ideas más sugerentes, que desgraciadamente se verán cortadas prematuramente por su muerte (ver por ejemplo Foucault, 1991: 165-ss.).
30En los actuales análisis críticos sobre el neoliberalismo pueden distinguirse algunas grandes posiciones. Una de ellas haría énfasis en el sentido económico de los procesos de globalización: desregulación financiera, crecimiento desmedido de las corporaciones multinacionales y retroceso del Estado (véase por ejemplo Harvey, 2009). La otra prestaría más atención a las implicaciones políticas de dichos procesos, especialmente a la reconfiguración del Estado (Wacquant, 2012: 66-79). Realmente aún están por sistematizar los aportes empíricos sobre la implantación de lógicas neoliberales en otras zonas del mundo, aunque trabajos como los de Ferguson y Gupta (2002: 981-1002) ofrecen ideas sugerentes.
31Si algunas páginas atrás contrastábamos la construcción social que se hace del turismo residencial con la de la inmigración, resulta interesante mencionar el llamado «síndrome de Ulises» (Achotegui, 2000), que afectaría a la población inmigrante más excluida. Categoría que en parte contribuye a psicologizar, en forma de padecimiento, toda una serie de violencias sociales que afectan a este sector de la población.
32Las «gubernamentalidades neoliberales» no guardan una relación de simple continuidad con los programas políticos del liberalismo clásico. Lo que hoy se denomina neoliberalismo viene a ser más bien, un conjunto heterogéneo de prácticas políticas que solo pueden entenderse en su contexto de emergencia: las demandas de autonomía personal del sesentayochismo, el rearme de las ideologías conservadoras, las transformaciones de los sistemas welfaristas, etc. Y además está de nuevo la cuestión «eurocéntrica»; es cierto que estos modelos teóricos están construidos desde una óptica situada en las sociedades centrales en el desarrollo del capitalismo industrial y a partir de ellas, aunque están siendo objeto de intentos de desarrollo en otras latitudes geo-académicas.
33Seguramente una de las miradas más interesantes sobre el desenvolvimiento de estos procesos sea la de L. Wacquant: «Para ser más precisos, las corrientes de ansiedad social que invaden a la sociedad avanzada se basan en la inseguridad social objetiva de la clase trabajadora postindustrial, cuyas condiciones materiales se han deteriorado con la difusión del trabajo inestable y mal remunerado, despojado de sus beneficios sociales habituales, y en la inseguridad subjetiva establecida en las clases medias, cuyas perspectivas de reproducción sin sobresaltos o de prosperar se han empañado cuando la competencia por las posiciones sociales valoradas se ha intensificado y el Estado ha reducido su provisión de bienes públicos» (Wacquant, 2010: 422).
34El turismo como tecnología social global dispone saberes expertos y mecanismos jurídicos, mediante los cuales, determinadas poblaciones se ven impelidas a servir como mano de obra, a articular su proyecto de vida en torno a esta industria. Pero también territorios, deteriorando ciertos recursos naturales y condicionando de manera decisiva la definición y la función de lo que podrían ser unos recursos culturales. Asimismo el turismo ha sido y es aún una de las racionalidades que ordena la forma de gobernar ciertos espacios sociales en España, sirviendo de vector fundamental a muchos proyectos de desarrollo, y siendo también un área clave en la interacción entre ámbitos de interés económico y político, del mismo modo que en ciertas representaciones de lo español.
35Tal y como señala Mignolo (2003: 31), del mismo modo que existe una geopolítica vinculada a los intereses económicos, existe también una geopolítica del conocimiento y los proyectos sociales, generalmente apoyadas sobre la universalización de concepciones eurocéntricas.
36Puede establecerse cierto paralelismo con lo que afirmaba P. Bourdieu en un estudio sobre el campo social de la vivienda en Francia, respecto de las violencias y riesgos que penden sobre las clases medias urbanas: «Lo tratado a lo largo de este estudio constituye uno de los fundamentos principales de las estrecheces pequeñoburguesas, o, más exactamente, de todas las pequeñas contrariedades, de todas las agresiones contra la libertad, las esperanzas, contra los deseos, que obstaculizan la existencia llenándolas de preocupaciones, de decepciones, de restricciones y fracasos, y también, casi inevitablemente, de melancolía y resentimiento [...]» (2003: 223).
37Por supuesto las prácticas de bricolage cultural que se dan en estos contextos, en torno a la arquitectura y ciertas formas de la cultura tradicional, son muy interesantes de por sí. Más interesante aún sería la posibilidad de que surgieran trabajos etnográficos de carácter colaborativo y dialógico (en el sentido de Clifford, 2010) en torno a estas y otras cuestiones, que aparecen como elementos de dinamización o de des-autentificación dentro del campo del patrimonio cultural.


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